2018: Propósitos y proyectos

Llevamos unos días de 2018 y llevo dándole vueltas a lo típico: los propósitos. Hasta la fecha, siempre he sido de esos que dicen “¿propósitos pa qué?, si luego no hago na”, pero como tampoco hacía nada sin ellos, pues mira, ¡a ver si funcionan! Va a ser una lista normalita y yo voy a apretar muy poco: no quiero cumplirlo todo, me conformo con lograr alguno de los puntos que me haya propuesto. Nada de sangrar.

Y ahora a por ellos.

Propósitos de año nuevo

1º Mantener el blog activo

Empecé este blog con muchas ganas pero muy perdido y me propuse publicar una entrada a la semana. Aunque no he logrado cumplirlo, no pasa nada: he escrito menos entradas de las que quería, pero muchas más de la que esperaba. Este año han sido 11, para el siguiente, solo pido que sean 12 y, a ser posible (que no va a serlo), una cada mes.

Progreso: 1/12.

 

2º Lavarle la cara al blog

Sí, sé lo que estáis pensando. Esos cactus monísimos de mi cabecera forman parte de las cabeceras predeterminadas de wordpress. Soy consciente de ello y quiero remediarlo, pero uno no tiene arte con el photoshop, ni sin él. El blog en general necesita una mano (o como dirían en mi pueblo, un jalbegao), y me va a llevar tiempo. Para que veáis que vengo con algo más que ganas, estoy reuniendo cosicas pa hacer una foto que sirva de cabecera. Rezad a los dioses oscuros y a los claros para que salga bien, pero sobre todo, para que no me deje la cámara en Madrid, que la foto la tengo que hacer en el pueblo.

Progreso: sin hacer.

 

3º Consumir historias

Esto es importantísimo para aprender a escribir, ya sean guiones, relatos o novelas. Este 2017 la cosa ha estado muy descompensada: he leído y jugado a muy pocas cosas, pero he visto demasiadas series y, en menor medida, películas. Así que al 2018 le pido, como poco, cumplir un mínimo en todos los campos.

Por suerte para mi cartera, tengo suficientes cosas pendientes como para no temer quedarme pobre por culpa de este propósito.

Libros leídos: 1/20.

  1. La chica descalza en la colina de los arándanos, de Nieves Mories.

Películas vistas: 3/20.

  1. Código Fuente.
  2. Bright.
  3. Voldemort: Origins of the Heir.

Juegos jugados: 5/20.

  1. Owlboy.
  2. Stories: The Path of Destinies.
  3. SOMA.
  4. Oxenfree.
  5. Ori and the Blind Forest: Definitive Edition.

Temporadas de series vistas: 4/20

  1. Marvel’s Runaways S1.
  2. Dark S1.
  3. The End of the F***ing World S1.
  4. The Gifted S1.

 

4º Acabar mis propias historias

Sufro la maldición de las historias sin finalizar y es MUY grave. Tengo no una, ni dos, sino chorrocientas ideas (alerta: exageración) super claras en mi cabeza, pero están ahí y ya, cogiendo polvo mental. A veces las empiezo y las dejo aparcadas por el principio, a veces ni eso. Este 2018 la maldición se tiene que ir al garete.

Si todo va bien, quiero acabar una novela que tengo a medias desde hace eones (llamémosla Proyecto Duendes) y escribir otra novelette que llevo ideando desde el año pasado (Proyecto Palomas). Solo dos cosas: una más larga y otra más cortita, para que no me estalle el cerebro. Además, quiero participar en tantos certámenes literarios como me sean posibles y estableceré el mínimo en cuatro, uno cada trimestre.

Proyecto Duendes: sin acabar.

Proyecto Palomas: sin empezar.

Relatos presentados a concurso: 0/4.

 

5º Proyecto Gordxs

Este 2017 pensé una cosa muy chula: quise escribir una entrada recopilando personajes gordxs que no fueran insultantes, independientemente del formato en el que se contara su historia, y hacer una lista grandota. Pues resulta que no pude sacar una cantidad suficiente y tuve que relegar esa entrada al olvido.

En 2018 estudiaré por qué pasó eso. Voy a aprovechar esta entrada, que está pensada para ser actualizada poco a poco, y voy a recopilar en el tercer punto todas las historias que consuma. Aparte, llevaré un recuento de personajes gordxs y los roles que cumplen. Con todo esto, haré un análisis a fondo de qué ocurre con las personas gordas en la ficción y, a finales de año, publicaré una entrada bien gorda (jeje, perdón) con muchos numericos.

Progreso: ahí vamos.

EXTRA: Iniciativas

Además, como hice este año pasado, intentaré participar en retos e iniciativas interesantes sobre escritura y lectura. Esta categoría va aparte porque, en muchas ocasiones, no son algo que puedas fallar; simplemente participas o no. De momento, estoy dentro de dos:

La primera iniciativa es el grupo de disección de novelas de @OrigenCuantico, donde leemos un libro y luego conversamos sobre él con los propios autores, además de rayarnos la cabeza a tope en infinitud de hilos. Hemos acabado ya La belleza del uróboros, de Javier Castañeda de la Torre, y Barro, de Alicia Pérez Gil; además, ahora tenemos entre manos Horizonte 6, de Caryanna Reuven.

Y en cuanto a escritura, me he apuntado a un reto anual, el #Origireto2018, organizado por @Stiby2 y @MUSAJUE. De este no os digo mucho, que me explayaré en futuras entradas.

Antes de acabar, quiero mandarle un mensaje a mi yo de finales de 2018: Carlos, mamón, haz el favor de no dejarme en ridículo.

Y ya está. Os deseo que empecéis el año como si pudiera ser mejor que 2017, que para que sea peor ya hay tiempo.

¡Hasta luego!

 

 

 

 

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LMDEInktober – 4ª Semana

La entrada se ha retrasado porque pensaba que octubre tenía 28 días y… No, no, es broma. De haberla subido el domingo, me habrían faltado seis relatos de los tres últimos días y he creído que era mejor esperar para acabar el mes. Así, os vengo el día de Halloween cargadito de relatos (que no son chucherías ni molan tanto, pero mira, son gratis).

Si acabas de llegar, puedes empezar pinchando por aquí:

1ª Semana: explicación, relatos 1-14 y conclusión.

2ª Semana: relatos 15 – 28 y conclusión.

3ª Semana: relatos 29 -42 y conclusión.

Y ahora sí, aquí están los últimos 20:

 

MICRORRELATOS

Día 22. Sendero.

Día 23. Jugoso.

Día 24. Ciego.

Día 25. Barco.

Día 26. Chirrido.

Día 27. Escalar.

Día 28. Otoño y Caer.

Día 29. Unido.

Día 30. Encontrado.

Día 31. Máscara.

 

 

Conclusiones

Antes de nada, voy a dar paso a una gran profesional de la educación infantil para que explique por mí cómo me siento.

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Gracias, Dora. Thank you, Dora.

4ª Semana

Esta la empecé con muchísimo ánimo, pero para la recta final volvía estar agotado; supongo que es normal. En cuanto a temas, o bien me iba por algo superdramático o bien por un humor simple o muy meta. De nuevo, no hay una línea de calidad super chula ni nada parecido. He tenido días que dan vergüenza ajena. Pero bueno, al menos, la vergüenza propia me la he tragado y no he dejado ni un solo día sin sus dos relatos, cosa de la que me siento to’ orgulloso. Aun quedan varios días sin resolución, pero con los resultados que he obtenido hasta ahora, soy más que feliz. Esta semana he ganado con “Send Eros”, con “El Problema y con “Mi San Bernardo” y he tenido un par de menciones de honor.

Conclusión final

No me ando por las ramas: escribir 62 relatos en un mes (aun siendo cortos) es MUY difícil. Ahora bien, es mucho más satisfactorio. He pasado 31 días escribiendo a diario y cogiendo hábito. He aprendido de mis errores, los he corregido con los días y quiero creer que, a día 31, estoy mucho más suelto con el tema de escribir micros que cuando empecé.

Por si eso fuera poco, he conocido a un montón de gente majísima que escribe que te da un chungo de bien. Ha sido muy divertido leer sus relatos y hablar con ellos del concurso y de otras cosas, porque al final del día daba para todo. Vamos, que al final ganar o no era lo de menos.

En definitiva, me ha costado, sí, pero lo repetiría el año que viene sin pestañear.

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“y hasta aquí poedo leer (matarme)”

La semana que viene os hablaré del NaNoWriMo, de mi proyecto durante este mes y de por qué no sabréis de mí hasta diciembre.

Feliz Halloween y pasad un día de todos los santos agradable.

¡Hasta luego!

LMDEInktober – 3ª Semana

No me lo creo. ¡Tercera semana! Si me llegan a decir hace un mes que estaría participando en el concurso LMDEInktober y que llegaría hasta aquí, me habría reído lo más grande. Con lo que me cuesta a mí mantener la línea bajo presión, ¡madre mía! Si no sabéis de qué reto hablo, os podéis pasar por las entradas de mi primera y mi segunda semana o ir directamente a la web de los responsables de esta atrocidad cometida a mi tiempo de ocio.

Y ya no me enrollo más, allá que van los 14 nuevos relatos.

 

 Microrrelatos

15. Misterioso

16. Gordo

17. Agraciado

18. Inmundo

19. Nube

20. Profundo

21. Furioso

 

Conclusión

El reto sigue siendo duro, PERO: ¡Sorpresa! Esta semana lo he llevado bastante bien. El estrés no me ponía malo a morir. Los problemas en esta ocasión han sido dos: el inicio del curso y el síndrome del impostor. Todo el mundo sabe lo que es el inicio de un curso, pero si os queréis informar sobre el síndrome del impostor (pista: NO es una enfermedad), os podéis pasar por esta entrada de Francisco Raposo.

El malestar en esta ocasión iba por el camino de “¿esto que estoy haciendo no lo ha hecho ya alguien mejor que yo?” y pensamientos similares.  La solución ha sido aparcar esas ideas y publicar los relatos igual. Porque la respuesta es sí: claro que alguien ha usado X ideas mejor que yo, pero no puedo dejar de escribir porque otra gente sepa escribir mejor. Las cosas se acaban y, estén como estén, se aprende de ellas.

De nuevo, he tenido días mejores y días peores a nivel de calidad. Nube (con ambos relatos) y Gordo (solo con Fantasía) son mis días preferidos. El resto me han salido así asá y eso está bien. Una cosa muy curiosa es que, con el brainstorming, se me han ocurrido ideas para historias más largas, de bastante más de 150 palabras.

Cosas que saco de esta tanda de relatos: veo a los gatos como asesinos misteriosos y seres profundos; el “la” de la Tierra no va en mayúsculas; cuando no se te ocurra nada mejor, publica lo que tengas; con el tiempo, MEJORA.

Y aquí se acaba la entrada.

¡Hasta luego!

 

 

 

LMDEInktober – 2ª Semana

El domingo pasado os hablé del concurso LMDEInktober, de La Maldición del Escritor, y cómo me había propuesto participar en él con dos relatos diarios. Hoy no me enrollo mucho y paso directamente a la recopilación de los siguientes 14 relatos. Al final, una pequeña conclusión de esta segunda semana.

MICRORRELATOS

Día 8. Torcido.

Día 9. Chillido.

Día 10. Gigante.

Día 11. Correr.

Día 12. Destrozado.

Día 13. Repleto.

Día 14. Feroz.

 

CONCLUSIÓN

Esta semana ha sido mucho peor. Se me ha juntado el estrés de tener que escribir dos relatos al día con una enorme falta de inspiración y días más ajetreados por mudanza. En cuestión de tres o cuatro días, perdí el ritmo y pasé de llevar los relatos con cierto adelanto a escribirlos el mismo día en mitad de la tarde. Así que imaginad: ya no era estrés, era escuatro o escinco como poco (no me matéis). Lo peor es que acaba esta semana y sigo igual, así que a ver si consigo mantener lo de los 62 micros.

Los relatos, si me preguntáis, han perdido calidad (fallos, fallos everywhere) y apenas hay unos pocos que se salvan de esta tanda de 14. Sin embargo, con los relatos más decentes (y contra todo pronostico), he recibido dos menciones de honor. Hoy me he levantado justo a tiempo para descubrir que, además, he ganado el día 13 con Sinopsis honesta y mirad, así me siento: !!!!!!!!!!!! (!!!!!!!!!!!!  means gracias por noticearme, senpais). Todavía no me lo creo, palabrita.

Acabo la semana con un sabor más dulce de lo que la empecé, pero con el animo algo bajo porque no me veo el culo con las prisas. Así que deseadme suerte, que me va a hacer falta.

Y eso es todo por mi parte. ¿Vosotros que tal vais? Podeis comentarme por aquí cómo está siendo vuestra experiencia y charlamos, si os apetece.

¡Hasta luego!

 

LMDEInktober – 1ª Semana

Octubre es un mes muy majo, se supone que por fin se va el calor y viene Halloween. Todo se llena de hojas secas, calabazas, chucherías, visitas al cementerio, fantasmas, altares satánicos y brujas enfadadas. Este año, también se está llenando todo de relatos. ¿Cómo? Pues por el LMDEInktober, claro.

¿Que qué es el LMDEInktober?

Pues mira, para saberlo, antes os tengo que explicar qué es el Inktober.

Inktober

Todo se remonta a un señor inglés, como casi siempre. Allá por el 2009, Jake Parker creó un reto diario que duraría todo Octubre. Quería mejorar sus habilidades de entintado y se propuso a sí mismo hacer un dibujo con tinta al día. Así nace el Inktober, que viene a ser una mezcla entre tinta y octubre en inglés: Tintubre, si os gusta más (suena fatal). El reto moló, porque sufrir a diario creativamente mola mucho siempre, y mucha gente se subió al carro. Así 2009, 2010, 2011…

A estas alturas, para hacer un inktober no hace falta usar ni tinta (aunque no sea lo oficial), cualquiera que se proponga dibujar una vez al día durante todo octubre está participando, ya sea con acuarelas, lápices o pinturas de manos.

Este año, Jake Parker dio esta lista de palabras para cada día y aquí es dónde os explico el resto:

La Maldición del Escritor

Esta maldición ha sido conjurada por Rafa de la Rosa y Coral Carracedo y cuenta con un blog, una cuenta de twitter y un grupo de FB; una maldición muy moderna, ya véis. LMDE forma una red de apoyo para escritores:  reunen información sobre los concursos literarios más llamativos de cada mes, comparten herramientas de escritura, te ayudan a entenderte y programar tu horario con bullets journals y te dan un lugar via Twitter y Facebook para resolver dudas  y compartir espacio con otros escritores.

Pues no conformes con todo eso, han reunido un botín digno de Smaug o algún primo suyo y han organizado un concursote, aquí las bases y los premios.

 

LMDEInktober

El concurso sigue la premisa del inktober de este año: tienes una palabra al día y tienes que hacer algo con ella. Es un concurso de microrrelatos, así que toca escribir a diario textos de no más de 150 palabras. Como ofrecen dos vías para concursar (FB y Twitter), se pueden llegar a escribir dos microrrelatos al día. Ojo lorito, que eso durante todo un mes son 62 micros.

Pues bien, además de como concurso (que el premio es suculento, no voy a engañar a nadie), yo he decidido tomarmelo como un reto personal: no solo es que vaya a participar, es que lo voy a hacer todos los días DOS VECES. Sí, quiero escribir los 62 microrrelatos para poder ponerme un pin a finales de mes. Así funciono.

Así que vamos al grano, que ya estamos bien entrados en octubre, y os traigo una recopilación de mis micros hasta ahora:

 

Microrrelatos

Día 1. Rápido.

 

Día 2. Dividido.

 

Día 3. Veneno.

 

Día 4. Bajo el agua.

 

Día 5. Largo.

Día 6. Espada.

 

Día 7. Tímido.

 

Conclusión

Bueno, en solo una semana, el reto me ha demostrado que es duro: requiere muchísimo tiempo. Tonto de mí, lo empecé pensando que podría ir haciendo cada relato el día que toca y tan tranquilo, pero no. Ahora estoy adelantando relatos, porque sino luego me falta el tiempo y me sobra el estrés. Los primeros días traté de poner formato al texto, pero también he dejado eso a un lado para utilizar mejor las horas de las que dispongo.

Los relatos no están todos bien: hay repeticiones y algún que otro fallo por ahí desperdigado, otros directamente son insulsos desde el principio hasta el final. Otra cosa que he descubierto con el reto es que hay palabras que me inspiran más y otras que me inspiran menos: Espada y Tímido tienen mis peores relatos, mientras que en Largo están los dos que más me gustan de esta tanda. Casi todos son de fantasía o ciencia ficción (flojita).

De momento, ninguno de los micros ha pasado el filtro, pero me he llevado varias menciones de honor que han ayudado a que no me desanime y continúe escribiendo.  Que ganar no es lo importante, nope, pero está guay que los senpais te noticeen, que los designios del reto son como las noches en Juego de tronos, dark and full of terrors (y agobio, agobio para parar un tren).

Y bueno, hasta aquí por ahora, la semana que viene vuelvo con más, con otros 14 relatos para ser exactos (os vais a hartar de mí, ya os aviso). Si los leeis y os apetece, podéis decirme cuales son los que más os han gustado, que yo encantado, oye.

¡Hasta luego!

 

 

Teogonía (I): Zozobra y El Ahogado.

El mar gritó. Su superficie se estremeció, las olas acariciaron la playa y llegaron más lejos de lo que jamás habían llegado;  entonces se retiraron y se llevaron consigo toda el agua. El mar dejó tras de sí dos cuerpos: uno humano y muerto, otro divino y recién nacido. El nuevo dios Zozobra se alzó y la arena se escurrió de su figura, revelando los restos de navíos naufragados que formaban su cuerpo.

La madera podrida se entrelazaba con cañerías rotas, chapa desteñida y fragmentos de metal oxidados. No tenía nada de humano, pero la disposición de la chatarra y la basura le otorgaban un aspecto antropomorfo: dos piernas, un torso, dos brazos. Sus manos eran cables y tachuelas, algas y vajillas rotas suavizadas por la erosión. Sobre sus hombros flotaba un timón viejo pero entero, cubierto de musgo. No había cuello que lo uniera al cuerpo, pero no hacía falta: no había manera de entenderlo como algo ajeno a aquella construcción viva.

El timón giró despacio en el aire y Zozobra alzó los brazos, se desperezaba. Sus movimientos eran lentos, hoscos y le provocaban pérdidas de agua: Zozobra rezumaba espuma salada de entre la chatarra. El gólem de naufragios que era el dios se sentó en el suelo y alzó la vista al cielo. No era difícil distinguir sus intenciones, porque el timón se inclinaba hacia atrás, como si hubiera un ojo en su centro y tuviera que enfocarlo en la dirección correcta. El timón giró rápido, contento, había algo en el sol que le gustaba. La estrella le transmitía calor y él había nacido del frío del mar. La luz con la que el sol bañaba su cuerpo le reconfortó de tal manera que volvió a tumbarse. Toda la arena a su alrededor quedó empapada.

Un cangrejo se asomó entre los tablones de su pecho y saltó a la playa para echar a andar. Zozobra lo vio irse con su falsa mirada y, así, se percató del cuerpo que yacía a pocos metros. El timón dio un respingo,  Zozobra le prestó toda su atención al muerto. Habían surgido de la misma ola y él acababa de levantarse y cobrar vida. El nuevo dios esperaba que aquel cadáver le imitara, pero no se movía. Era un cuerpo extraño para Zozobra: una pieza única de color marrón oscuro y blanda, sin aristas que asomaran ni huecos supurantes.

El dios emergido esperó, pero el cuerpo no se alzó. Algo se revolvió entre sus restos: una sensación extraña, como de agua turbia y burbujas rompiéndose. ¿Por qué no despertaba? Zozobra se acercó al cuerpo inerte y se inclinó sobre él. Con sus manos de alga y madera lo alzó levemente y pasó el brazo de vajillas bajo su espalda. Zozobra se sentó, acunó el cadáver y, sin saberlo, lloró. Su cuerpo emanó agua salada por cada abertura entre sus cascotes y esta formó riachuelos diminutos sobre su torso, que bajaban y afluían sobre el cuerpo muerto.

Zozobra lloró durante horas y durante horas sus hilillos de lágrimas bañaron al muerto. El día se fue y el dios se sintió aún más inquieto y solo. Las estrellas brillaban lejos como las luces tramposas de los peces abisales y la luna parecía poco más que un sol apagado y triste. La oscuridad era fría como el cuerpo que acunaba en su regazo.

Pasó la noche y la luz asomó de nuevo sobre la playa. Amanecía. El dios emergido había llorado tanto que sus lágrimas marinas habían empapado el cuerpo. El agua se había colado por cada hueco que encontraba y poco a poco le había dado al muerto aquello que el dios quería con fuerza, tanta que no podía parar de sollozar.

La vida entró en el cuerpo como una cascada y un nuevo líquido salado y claro corrió por las venas del hombre. A la vez que el sol acariciaba de nuevo al gólem de naufragios, los ojos del que una vez fue cadáver se abrieron y Zozobra vio su timón reflejado en ellos. Y no vio nada más.

El cuerpo de Zozobra se deshizo ante la mirada espantada del revivido. El mar de Zozobra ahora inundaba su cuerpo y le procuraba la vida, pero solo sentía una profunda tristeza. El calor del sol le resultaba molesto sobre la piel desnuda, le quemaba, y el astro brillaba tanto que le dolía. ¿No tenía respeto por lo que acababa de presenciar? Había muerto un dios.

Y había nacido otro.

El Ahogado se incorporó de rodillas sobre la arena y arrastró hacia él los fragmentos sin vida del cuerpo de Zozobra. Hizo un montón con ellos, escogió al azar uno de los tablones y se tumbó sobre el montículo, abrazado a la pieza de madera. La añoranza que sentía y la opresión del sol provocaron su llanto. Sus lágrimas marinas regaron los restos de Zozobra durante toda la mañana y toda la tarde.

Llegó la noche y con ella el fresco. Una brisa agradable aliviaba la piel quemada y la luna brillaba tenue, respetuosa. El dios ahogado lloró hasta vaciar su cuerpo, se desahogó y no hubo más bullir en sus entrañas. Antes de fallecer, pudo ver como el timón vibraba entre los restos de naufragios.

Con su nueva muerte, El Ahogado puso final a la primera vuelta de lo que sería un ciclo eterno. Él y Zozobra quedaron ligados, destinados a llorarse cada día y cada noche; obligados a compartir un pequeño mar que no cabía en ambos cuerpos.

 

Orgullo y prejuicio

Este año, el World Pride se cuece en Madrid (esto es una verdad literal y metafórica, patrocinada por el calor de El Verano 2017) y, ante un cocido tan colorido como este, me parecía feo dejar pasar las fechas sin hablar de algo relacionado con el tema. Si no sabéis qué es el World Pride, es la fiesta del Orgullo LGBT pero a nivel mundial, este año con sede en Madrid. Si tampoco sabéis qué es el Orgullo LGBT, es la fiesta anual en la que se reivindican los derechos de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans.

Nos queda mucho por delante como sociedad para darle a las personas LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) la vida que se merecen. Esta entrada no es suficiente para curar ni arreglar nada, pero espero que al menos pueda servir de ayuda a alguien.

Hablemos de prejuicios, primero.

¿Qué es un prejuicio?

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La RAE ha hablado.

Los prejuicios, por desgracia, se utilizan muy a menudo a la hora de crear personajes y contar historias. A veces, los autores los usamos sin querer porque asumimos que no son un juicio previo, sino una verdad absoluta. En otras ocasiones, los utilizamos incluso a propósito, como es común al construir los personajes de sitcoms u otras obras enfocadas a la comedia. El uso de estos prejuicios en nuestras historias solo alimenta la desinformación: expande la falsa creencia de que son algo real y cierto.

 

Prejuicio y orgullo

Siguiendo el tema de estas fechas, uno de los prejuicios más extendidos es el de que el Orgullo ha degenerado, que se ha convertido en poco más que unos días de jolgorio, beber y armar escándalo. Si vemos el programa de este año, descubrimos que hay muchísimo más que fiesta. Se han organizado mesas de asociaciones, talleres, charlas informativas, manifestaciones y un largo etcétera de actividades que poco tienen que ver con fiestear.

¿Que además hay música y cabalgatas y carreras de tacones? Sí. ¡Y menos mal! ¿No ocurre igual en las romerías y no pasa nada? Si unas fiestas de carácter religioso pueden ir unidas a trasnoches, ferias, verbenas y tiendas; las fiestas del Orgullo también pueden. Pensar lo contrario es síntoma de que los prejuicios se nos han subido a la chepa o de que tal vez tengamos mucha homofobia que sacudirnos de encima.

Muchas veces, los medios de comunicación perpetúan estos pensamientos al mostrarnos noticias sesgadas o vía series/pelis que se aprovechan de estas ideas para no currarse demasiado sus personajes o trasfondos. Pero como veis, a pesar de todo son muy sencillos de desmontar. Basta con escuchar a la gente a la que hacen daño, atender a sus quejas y corregir la información que tenemos. O buscar un poco por nuestro propio pie, que Google no es el patrón del siglo XXI por nada.

 

Prejuicio y prejuicio

Algunos de los prejuicios más comunes (y falsos, obviamente) que hacen daño al colectivo LGTB son los siguientes:

  1. La gente lesbiana, gay o bisexual es gente promiscua. Lo primero: no son más promiscuos que nadie heterosexual. Lo segundo: ¿y qué si son promiscuos? Cada uno decide con quién y cuántos se acuesta.
  2. La bisexualidad no existe: o te gusta la carne o te gusta el pescao. La eterna tontería. Algún día la peña bisexual nos mandará a la mierda y tendrán motivos. Piper Chapman, de Orange is the New Black, es una mujer bi en la que este prejuicio está muy arraigado.
  3. Las mujeres trans no son más que hombres disfrazados. Una percepción que reafirmamos cada vez que vemos a señores haciendo el papel de mujeres trans o cada vez que se hace un chiste sobre hombres con trajes de mujer. Independientemente de su calidad como actor, el poner a Eddie Redmayne de Lili Elbe en La Chica Danesa no fue la mejor idea, no.
  4. La homo/bi/transexualidad es hereditaria. Porque la gente no es consciente de que la mayoría de gente LGBT nace de padres que no lo son. Pero aunque fuera hereditaria, ¿cuál sería el problema?
  5. La pluma es algo malo/de lo que reírse. En películas en las que todo el mundo es hetero-macho, el único rasgo LGBT que se ve es la pluma y ¿dónde está? En el malo o en el personaje gracioso de turno. El mundo está lleno de Mauris y de Scars que, aun no siendo malos personajes, refuerzan este prejuicio.
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Me pregunto cómo se llamaría Scar antes de hacerse su cicatriz.

 

Hay más. Hay muchos más prejuicios y mucho menos obvios; pero no quiero convertir esta entrada en un pozo de negatividad, así que acabaré con otra lista más amable:

Personajes que me llenan de orgullo

y satisfacción.

1º Nomi Marks (Sense8)

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Si fuera real, Nomi ya habría hackeado las oficinas de Netflix para extorsionarles con vender información chunga hasta que descancelaran la serie. Es una chica trans lesbiana adorable.

2º Garnet (Steven Universe)

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Steven Universe es una de las series de animación para niños más inclusivas. De esta serie podría poner varios ejemplos, pero Garnet es la más icónica. She’s made of love.

3º Salim (American Gods)

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Un chico gay musulmán que se ha quedado pillado por un genio (si, como el de Aladdin pero menos azul). Solo diré que espero que le vaya bien y que no se muera. O LLORARÉ Y LLORARÉ Y EL NIVEL DEL MAR SUBIRÉ.

4º Angus y Gregg (Night in the Woods)

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Gregg y Angus (el zorro y el oso). Una pareja gay del juego Night in the woods, una aventura gráfica protagonizada por Mae Borowski, la gata que se asoma por la izquierda.

5º Poussey Washington (Orange is the New Black)

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De OITNB se puede nombrar a muchísima gente también, la serie nos cuenta las historias de diferentes mujeres en Litchfield, una prisión estadounidense. Poussey es la adorabilidad hecha hija de militares y yo aún no supero la cuarta temporada.

6º Décima (Las crónicas del fin)

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La portada es clara: Décima es un personaje de una saga de novelas cortas de Gabriella Campbell y José antonio Cotrina (que no Cortina). Esta mujer es capaz de meterse un bicho en el oído para que le parasite y parte caras a ritmo de apocalipsis. Se rumorea que hay una petición en kickstarter para que Décima le pise la cara a mucha, mucha gente.

7º Buck (The OA)

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The OA es una serie rara, muy rara, y chula, muy chula. Buck es un chico trans y uno de los personajes que se reunen en torno a Prairie para escuchar su historia.

8º Malec (Shadowhunters)

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No me atrevo a poner solo a uno por miedo a que me linchen. Son Magnus Bane y Alec Lightwood, un brujo y un cazador de sombras de la saga Cazadores de Sombras, escrita por Cassandra Clare. La imagen pertenece a la serie Shadowhunters, una adaptación de las novelas.

9º Sara Lance (Legends of Tomorrow)

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Personaje secundario de Arrow y que pasa a ser protagonista en la serie Legends of Tomorrow. Tan pronto te mata a alguien como te pilota una nave del futuro. Se le da genial descubrir que muchas mujeres de la historia no son tan hetero como parecen.

10º Oliver Hampton (How to Get Away with Murder)

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Oliver (el de las gafas) es el segundo hacker de la lista. Su a veces novio Connor (el de la derecha) le pide una y otra vez que haga cosas ilegales para Annalise Keating, la jefaza del bufete de abogados en el que está de prácticas. El personaje de Oliver, además, es VIH+ y ayuda a dar visibilidad a todo lo que conlleva este problema.

Y hasta aquí la lista y la entrada de hoy. No dudéis en spamearme vuestros personajes LGBT preferidos para que los conozca.

¡Feliz Orgullo!

Comunicación (I): El ascensor, la revolución de la imprenta y la bruja.

 

“Mamá, escucha: casi me muero, pero tú no te preocupes”

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Hace unos días, me quedé atrapado en un ascensor. Dentro de la cabina nos juntamos cinco personas, una ola de calor a las tres de la tarde y la media hora más larga de mi vida. Y mira que he tenido horas largas. Gracias a la documentación para mi entrada anterior, sabía que podíamos llamar al 112, aún cuando en aquel rinconcito entre un quinto y un sexto piso no teníamos cobertura. Lo único que me dio fuerzas para reprimir la voz del “oh dios mío estoy en una cuenta atrás hacia mi propia muerte” fue la seguridad de que vendrían los bomberos.

Total, que al final los que me salvaron no fueron los bomberos, sino unos majos señores mayores, atraídos (quizás) por el ruido del botón de alarma que había estado pulsando una y otra vez. Pero eso nos da igual. Lo importante es que a raíz de ahí me vino la iluminación y me dije: ahora que no me he muerto, voy a hablarles de la comunicación en la creación de mundos.

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Y ahí estaba yo, esperando casualmente a que el cuerpo de bomberos me rescatase.

Las revoluciones

Así como la propia historia, la historia de la comunicación se puede dividir en fases. Esta disciplina es muy nueva y según a qué teórico le preguntes, las etapas serán muy diferentes entre sí. En este caso, traigo la división que creo que mejor puede ayudar en el proceso creativo para fabricarnos mundos. Así, cada fase está marcada por una gran revolución informativa, es decir, un gran cambio que altera o añade nuevos significados a la comunicación y sus procesos.

Esto nos deja a cinco bonitas etapas (cuestionables, siempre cuestionables):

  1. La revolución de la escritura: De repente podíamos almacenar información y comunicar cosas desde fuera del cerebro. Un pequeño pasote para el hombre, pero un gran pasote para la humanidad: Nuestra memoria ya no lo era todo.
  2. La revolución de la imprenta: Despacito (ya hacéis vosotros el chiste o cantáis la canción por mí), la imprenta dio alas a la información. Esta pasó de estar disponible para unos pocos privilegiados, a empapar más capas de la sociedad; llegó a mucha más gente.
  3. La revolución de la prensa: Avances en el papel, nuevos métodos de impresión, la invención del telégrafo y muchas cosas bonitas dieron lugar a la llegada de la prensa. La popularidad de los periódicos traía a la gente noticias próximas y lejanas en un periquete, acompañadas incluso de fotografías. ¡Extra, extra!
  4. La revolución del entretenimiento masivo y el espacio doméstico: El cine nos bendice con su existencia y se convierte en un espectáculo de masas. Además, gracias a la radio, los equipos de música, la televisión (e incluso la llegada de Internet) los medios de comunicación pasan a formar una parte importante de nuestras vidas.
  5. La revolución de las autopistas de la información:  Aquí es donde estamos nosotros, en la etapa con el nombre más artístico de todos. Se produce una revolución de las tecnologías de la información: Internet pega el boom (un boom mejor que el de los baby-boomers, si me preguntáis), llegan las redes sociales, nací yo…
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En mis tiempos, todas las tablets estaban configuradas por defecto en cuneiforme.

Cómo aplicar toda esta verborrea

La situación de la comunicación en nuestras historias es un elemento que puede o no ser relevante y que normalmente se encuentra en el cuerpo del iceberg: la parte del worldbuilding que no vemos. Las parrafadas al respecto suelen sobrar, lo cual es lógico. No tendría sentido que te dijera lo contrario, salvo que tu historia toque el tema de forma directa (con un personaje cartero, por ejemplo) o que la comunicación sea muy importante, como ocurre en Canción de hielo y fuego con sus cuervos mensajeros.

Ahora bien, entender cómo funciona la comunicación es vital para que no caigamos en errores de coherencia dentro de nuestras historias y para elegir los mejores marcos. Si quiero escribir un cuento de terror y sé que los teléfonos me lo podrían jorobar (igual que a mí me ayudaron en el ascensor), lo puedo solucionar cambiando la época, por ejemplo. Si quiero hablar de bibliotecas, en mi mundo tiene que haber imprentas y medios para crear libros en masa (o un semejante creado, por ejemplo, por una bruja) para que así a los altos cargos no les parezca una blasfemia poner tanto libro gratis y de servicio público.

Al añadir elementos fantásticos (magia, tecnologías futuristas o extraterrestres, nuevas criaturas, etc… ), podemos afectar positiva o negativamente a las etapas que ya existen, crear nuevas revoluciones informativas o incluso construír desde cero la historia de la comunicación de un mundo nuevo. Sin embargo, como ya dije, extendeos solo si es necesario, que ya nos avisó Gabriella Campbell en Windumanoth: El worldbuilding es la maldición de los procrastinadores.

De momento lo voy a dejar por aquí, porque no quiero crear una entrada kilométrica. Si os gusta el tema, no me importará extenderme en el futuro y así usaré los apuntes de historia de la comunicación para algo interesante.

 

 

Un tiro y siete puntos de vista

  1. El testigo

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Son las dos de la mañana y estás desparramado frente al ordenador, con el pijama puesto y varias bolsas de patatas a tu vera. Tu escritorio da a la ventana y la poca luz que entra de las farolas es la única iluminación, más allá de tu pantalla. Hoy se estrena el capítulo nuevo de Juego de Cromos y no te lo quieres perder. Te pones los cascos y tus oídos se llenan de la sintonía del programa.

Tarareas en voz baja porque la emoción te puede, pero tus compañeros están dormidos, y después te dejas llevar de la mano por los personajes y sus voces. Lo único que interrumpe la inmersión perfecta que te has construido son tus propios crujidos al masticar patatas, tan desagradables como necesarios para ti.

Tras media hora de capítulo, no puedes estar más contento. Tu personaje preferido sigue vivo, camino de vengarse, y la traición que se cuece en el castillo de Puerto del Duque no podría estar más interesante. En mitad de una escena de acción, sin embargo, lo escuchas: ¡Pum! Un sonido seco, sordo. Un disparo. Pestañeas durante unos instantes y sacas la mano de la bolsa de patatas, pausas el directo con el corazón a mil por hora ¿Pistolas en Juego de Cromos? No, sabes que no.

En un impulso, cierras tu portátil y te asomas por la ventana. Hay un hombre tirado en la acera, rodeado de un charco de sangre. Frente a él, otro tipo con una pistola. Ambos visten ropa formal, los típicos trajes clónicos que se ponen los empresarios para ir a trabajar. Y eso es todo lo que ves, porque los nervios te la juegan y te agachas entre sollozos. Los latidos de tu corazón no solo ocupan tu pecho, ahora pulsan también en tu cabeza y tus muñecas. Pum, pum. Pum, pum. Pum, pum. Coges aire a bocanadas cortas y rápidas que no te llenan. Cierras las manos con fuerza y aprietas tanto la mandíbula que crees que se te va a desencajar. Pero ¿qué más da un diente menos? Si te vas a morir igual de tanto nervio.

Lo has visto ¡Lo has visto! Y, joder, temes que él te haya visto a ti. Buscas el teléfono bajo las patatas y lo sujetas con ambas manos. Sudas; hace un frio del carajo con el aire acondicionado puesto, pero sudas como si hubieras corrido la maratón y el móvil se te resbala. Lo desbloqueas al segundo intento y marcas con dificultad los tres dichosos numeritos del demonio. Le das a llamar y, entonces, cuelgas. ¿Y si ha visto la ventana iluminada por el ordenador? ¿Y si ha visto tu silueta después de que lo apagaras? ¿Cuánto tardaría la policía en venir? No, no puedes llamar. No quieres llamar porque tienes miedo de las trescientas cincuenta y ocho mil posibilidades que se te ocurren de que todo salga mal ¿Y si meten en la cárcel al asesino, pero pertenece a la mafia y te manda matar para que no testifiques? No, no, no. Nada de llamar. Has visto demasiadas series, sabes lo mal que puede irte.

Bloqueas el móvil, abandonas tu escritorio y te haces un ovillo sobre tu cama. Estás temblando como nunca y el pánico se ha hecho uno contigo. Diriges tu mirada a la nada oscura que es tu habitación y la aparcas en mitad de ninguna parte. Recuerdas lo poco que has visto: un señor de pie, un señor tumbado y un señor charco de sangre manchando la calle. Te imaginas muerto de muchas formas diferentes y lloras y lloras ¡Madre mía! Tú que solo querías disfrutar de la vuelta de tu serie favorita… ¿Ahora qué? Te tumbas y te arropas. Vaya mierda ¡Vaya mierda de todo! El tembleque no se va, sigues zozobrando como un flan de cinco pisos en un día de viento, pero poco a poco logras respirar cada vez más profundo, inspiraciones más pausadas. El aire llena tus pulmones y los párpados se te irritan; no te quedan más lágrimas que llorar.

Cierras los ojos y dejas que el pánico se vaya. Mientras el sueño te arropa, creas hueco a un remordimiento nuevo que ha venido para quedarse: no has hecho nada.

  1. La urraca

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La calle se aleja lo suficiente de los puntos de interés nocturnos, lo que le permite estar desierta a una hora como aquella. Las farolas proyectan su luz anaranjada unas sí y otras no, un plan del ayuntamiento para gastar menos dinero en electricidad. Un plan decente si no fuera por los árboles que salpican las aceras y cuyas copas eclipsan la luz artificial. La calle está llena de sombras y puntos ciegos y la verdad es que sí, es una ubicación perfecta para cometer un buen puñado de crímenes. Sin embargo, para la urraca que duerme entre las ramas, todo eso es cantar de otros pájaros. El animal no percibe nada problemático en una calle silenciosa y oscura, al contrario: fue un lugar perfecto para montar su nido.

Varios pasos de zapatos contra la acera no logran despertar al ave, una conversación acalorada tampoco es suficiente. Ser un pájaro en Madrid es lo que tiene: te acostumbras a los ruidos más comunes. El problema ocurre cuando se escucha el disparo y ahí sí, su sueño se interrumpe. ¿Eh? ¿Qué ha sido eso? Fruto de un acto reflejo, la urraca abre los ojos y echa a volar lejos de su nido, y de su árbol, y de su calle perfecta para dormir.

  1. El novio

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Juan no podía estar más contento aquella noche. Hacía cuatro meses desde que había conocido a alguien por una aplicación de ligues y comenzaron a salir dos meses atrás. Después de muchas decepciones, había dado por fin con una persona con la que se sentía a gusto y pasaba los días contando las horas que quedaban para verse. Ambos habían salido de fiesta con sus respectivos grupos de amigos, pero habían estado mensajeándose por QuéPasapp y habían decidido verse un rato antes de irse a la cama.

Habían quedado en un parquecillo ubicado a medio camino de las casas de ambos. Un pequeño tramo andando que tanto Juan como su pareja estaban dispuestos a cumplir. Juan esperaba sentado en un banco cuando vio venir a Miguel. Se levantó de un salto, con más salero que gracia, y se acercó a él.

El disparo interrumpió un largo beso de bienvenida y ambos se sobresaltaron.

—¿Qué coño?

—Habrá sido un petardo.

Siempre eran petardos y Miguel y él tenían poco tiempo por delante para preocuparse de algo así. Los novios se sentaron en el banco y charlaron durante varios minutos entre beso y beso, hasta que una urraca cruzó volando y les dio el segundo susto de la noche. El animal pasó justo sobre ellos y Juan sintió como la suerte se reía de él en cuanto algo viscoso le golpeó la coronilla.

El novio se llevó la mano a la cabeza y su cara de asco no tuvo rival.

—¡No me jodas!

¿Cuántas eran las probabilidades de que te cagara un pájaro en mitad de la noche?

Miguel reía.

  1. El aviso

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Pasan las cuatro de la noche. María vuelve de trabajar en el almacén de una gran cadena de supermercados: Mercadena. Está muerta, pero no muerta de verdad, sino de cansancio, y mira el móvil como quien ve llover, porque a esas horas no ocurre nada.  Es la hora de las cuentas americanas sobre comida, hechos sorprendentes, historias de superación a base de dietas, frases cutres de novios y gifs racistas. El contenido da asco, sí, pero para ella es necesario tener el aparato encendido y a mano. A María le aterra caminar sola de madrugada.

La peor parte del trayecto es un tramo de calle con poca luz por el que no le queda más remedio que pasar. La mujer tuerce la esquina con el móvil en alto y la noche le da la razón: a esas horas ocurren cosas aterradoras. María grita en cuanto ve el cadáver y se lleva la mano libre a la boca. Su primer instinto es recurrir a dios, a cualquier dios. En aquel momento le valen todos los que conoce, no discrimina entre escrituras sagradas.

—Dios mío. Dios mío. Dios mío.

Con el corazón por las nubes, la mujer mira a un lado y a otro de la calle en busca de una señal (una excusa) para salir corriendo, pero no encuentra nada que devuelva el sentido a sus piernas. María sabe que no debe mirar, pero por algún motivo acaba fijándose en el muerto. Es un señor mayor, vestido de traje; cubierto de sangre. Un boquete diminuto abierto en su pecho delata cómo ha muerto. Sus bolsillos están rotos y hay un par de huellas de perro junto a él, marcadas con su propia sangre.

María no se lo piensa mucho y llama al 112. En cuanto abre la boca, se desmorona.

  1. La operadora

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A esas alturas de la madrugada, Inma ya no sabía si era demasiado tarde o demasiado temprano. El paso del tiempo dejaba de ser lineal en los turnos de noche. El teléfono sonó en mitad de una cabezada inoportuna, pero la operadora se irguió rápido y descolgó con todo el arte que había acumulado durante años de experiencia.

—Uno, uno, dos. Le habla Inma ¿Cuál es su emergencia?

—Oiga, acabo de… ¡Dios mío! —La respiración al otro lado del altavoz sonaba agitada, hablaba una joven y su voz era todo pánico. A Inma se le cortó un bostezo y se puso tensa—. Acabo de encontrar un hombre muerto sobre la acera, señora. No… Yo… Volvía del trabajo a casa y al cruzar la calle… Dios mío. Dios mío, yo no he sido, se lo juro… Es un señor mayor, tiene un disparo en el pecho. No sé cuánto tiempo lleva así. Yo…

—Escuche, respire hondo. Dígame su nombre y la dirección exacta del lugar en el que está.

—Me llamo María Rodríguez Valdepeñas —le temblaba la voz—. Estoy en la calle Damián Contreras, frente al número tres.

—Muy bien, María, la policía y los servicios médicos se dirigen al…

—¡Espera, espera! No me cuelgues, por favor. Quédate conmigo.

Inma no iba a colgarle, tenía que asegurarse de que estuviera bien y no corriera peligro, pero la súplica de María hizo con sus intestinos un nudo marinero. El tiempo no fluctuaba igual a esas horas, no. Inma acababa de incorporarse a una noche larga.

  1. El audio

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¿Juan? Cariño, no te lo vas a creer, pero acabo de llegar a casa. Sí, a las seis. A las putas seis de la mañana. ¿Te acuerdas del petardo? Pues esta vez no era solo un petardo. Era un disparo; un jodido disparo, Juan.  ¿Sabes la esquina del bazar donde compro siempre helado? Pues iba por ahí cuando escuché a una chavala hablando como una loca. Metía a Dios en cada puñetera frase, gritaba y parecía en shock, así que me acerqué para ver qué le pasaba. Y no tuve que preguntarle, no tuve que preguntarle porque había un tío to’ muerto sobre la acera.

No sabes el asco que me dio. Tenía los ojos abiertos y la sangre estaba a medio secar. Menos mal que al final nos quedamos todo el rato en el parque y no fuimos al veinticuatro horas. Si llego a tener comida en el cuerpo habría rebozado a la viva y al muerto y después me habría muerto yo de la vergüenza, para que el tío no se sintiera solo.

Total, que me quedé con la chica, que seguía hablando por teléfono con una tal Inma del 112, y esperé con ella a que llegara toda la peña: que si la policía; que si forenses; que si una ambulancia (que no sé para qué vino, porque el señor estaba más muerto que mis sueños de ser cantante)… Un despiporre de gente, vaya. Y yo ahí tan cagado de la vida que parecía que me habían espiritado.

Pues nada, entonces se nos acercó un policía enorme y nos preguntó lo típico: qué ha pasado, qué hemos visto, qué sabíamos y todo eso. Le conté que estaba contigo en la plaza cuando escuchamos el tiro y el señor empezó a apuntarlo todo en una libreta, ¿no? ¡Pues se puso a decir que el chico estaba con su novia! Novia, tío. A pesar de que lo dije claramente. Pues me armé de valor y le corregí, le dije que mi novia se llamaba Juan y que era un chico y él me miró con una cara de asco que ojalá se hubiera muerto él. Están en todas partes, los homófobos de mierda, incluso tomando declaraciones.

Y no sé, cariño, que llevo dándole vueltas desde que llegué a casa y hemos tenido mucha suerte, ¿sabes? Ha pasado tan cerca que, ¿quién dice que no podríamos haber sido nosotros? Con tanta gente como ese policía ahí fuera… Es horrible sentir que uno no está seguro ni en ciudades como Madrid. Además, resulta que nadie ha visto nada y el asesino está por ahí libre, andando entre la gente, cogiendo el metro o comprando el pan. Es chungo, ¿eh?

Pero bueno, que sepas que me alegro mucho de esta oportunidad que nos estamos dando; que me encanta estar con alguien capaz de hacerme creer durante dos horas que un disparo no es más que un petardo y que no sé. Que te quiero mucho, Juan, incluso con cacas de pájaro en la cabeza.

Voy a meterme en la cama, que ya no sé ni lo que digo. Llámame en cuanto escuches esto, ¿vale? Que no creo que pueda dormir.

Un beso, chochín.

  1. El pequeño caballero

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El disparo se había oído varias esquinas a lo lejos y Madroño no pudo sino sobresaltarse, a pesar de llevar esperándolo toda la noche. El gnomo dio una palmada al perro callejero sobre el que cabalgaba.

—Corre, Pipo.

El perro aceleró, como si lo entendiera, y Madroño sintió la carrera en su propio cuerpo, que botaba de forma incómoda a su espalda. El gnomo era diminuto y paticorto, pero logró apretar las piernas y agarrarse fuerte al pelo del animal. Pipo estaba sucio y pegajoso al tacto, pero Madroño no iba mucho más limpio. Ambos eran criaturas del subsuelo, lo mugriento era su estado natural.

Eran una pareja curiosa. El perro era grande, sin raza, de pelaje blanco corto. La cabeza del gnomo le llegaba a las rodillas y este iba vestido con ropa confeccionada con basura, en la que primaban los fragmentos de bolsas de gusanitos y los trozos de tela vieja.

En cuanto llegaron a la calle Damián Contreras, Pipo frenó asustado. El gnomo se golpeó contra la espalda de Pipo y se comió algún pelo por el susto, pero no llegó a volar.  Cuando la gravedad lo dejó tranquilo, Madroño saltó del lomo del animal y se apoyó en sus rodillas para tomar aire. Ambos jadeaban. Estar ligado a un perro a la carrera no era lo mejor para la salud de Madroño, pero era lo menos que podía hacer por el pobre bicho. Muy a su pesar, Madroño le acarició la pata a la altura del muslo y sintió cómo los nervios del animal se compartían entre ambos. El perro se relajó y el gnomo sintió un escalofrío.

Madroño echó a andar entonces hacia el cadáver y el perro lo siguió de lejos. Los ojillos negros del gnomo buscaron al asesino, pero no había ni rastro. Se atusó el poco bigote que tenía, aún indeciso sobre si aquello era bueno o malo para él. En cuanto llegó al muerto, trepó por una de sus botas y caminó sobre él sin ningún tipo de remordimientos. El cuerpo aún estaba caliente, pero más caliente acabaría él si la policía encontraba pisadas de gnomo en la escena del crimen. Imaginarse al Rey Peral quemándolo vivo para borrar sus huellas de la existencia lo animaba a vivir; a vivir y a hacer acrobacias sobre gente que acababa de estirar la pata.

En cuanto llegó a los bolsillos, les dio la vuelta y los vació. Los vació de aire, porque no había nada más en su interior. Madroño gruñó y eso llamó la atención de Pipo, que se acercó hasta él sin preocuparse de la sangre que pisaba. El gnomo le pidió silencio con un breve siseo y, mientras el perro se entretenía mordiendo la tela de los bolsillos del pantalón, él cruzó la cintura con la esperanza de encontrar algo en el de la camisa. El gnomo se puso a cuatro patas y se metió dentro como un niño que se asoma bajo la cama. Al salir, llevaba un par de pelusas, hilillos y un botón de repuesto entre las manos.

Refunfuñó de nuevo, descontento. Llevaba desde el anochecer persiguiendo al hombre armado y al final se iba a presentar en casa con una miseria de botín. Rapiñar muertos del mundo sobre las alcantarillas era arriesgado y Madroño lo sabía demasiado bien, el resultado no le compensaba. Tal vez podría negociar con el botón o las pelusas, pero encontrar una cartera le habría solucionado la vida. Nada se vendía tan caro en el subsuelo como las fotos de carnet que solían guardar dentro los humanos.

Madroño se escupió en la mano izquierda y removió la saliva con la punta del meñique derecho durante treinta segundos; acto seguido se lo acercó a la nariz y olisqueó su escupitajo con gesto serio. El gnomo acababa de oler el futuro y sabía que aún faltaba algo más de una hora para que una humana se topara con el muerto.

Bastó un silbido para que Pipo arrimara la cabeza al pecho del cadáver; Madroño se limpió la saliva frotando contra su propia ropa y se subió al animal con cuidado de no lastimarle.

El pequeño caballero evitó los pensamientos negativos y se alejó de la escena del crimen a lomos de Pipo. La noche era larga, todavía quedaba gente por morir.

Vendimia

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Se despertó en mitad de la noche. El viento aullaba y estrellaba las ramas contra el cristal de su ventana. “No es más que un poco de aire” se dijo, aun adormilado, y cerró los ojos de nuevo. Era demasiado tarde y tenía demasiado sueño, ¿cómo iba a recordar en aquel momento que vivía en un bajo y que no había ningún árbol frente a su casa?

Encontraron su cadáver al día siguiente. El suelo de su cuarto estaba cubierto de sangre y hojas de parra. Había comenzado la época de vendimia para las hadas.