OrigiReto2018: Ceniza (Mayo II)

Todavía recuerdo el olor.

Había vuelto del baile real y me tumbé sobre el cesped del jardín. Me dolían los pies, especialmente el que perdió el zapato. ¿En qué pensaba el hada con esos cacharruzos de cristal? ¿Y en qué pensaba yo cuando salí con ellos de casa? Me sentía estúpida. Le había puesto tanto, tanto empeño a aquella noche que no me supo a nada. No disfruté cuando me sacó el príncipe a bailar, el vestido era incómodo, la carroza demasiado opulenta… ¿Era culpa mía? En ese momento creía que sí.

Sentía que la noche había perdido toda la magia. Bocarriba y despatarrada, sabía lo poco que me parecía a una princesa y, por algún motivo, aquello me hizo sonreír. Me quedé embelesada mirando las estrellas hasta que la llamé.

—Elba, ¿estás ahí?

Hubo un fogonazo y después un hada. Elba, pizpireta como ella sola, aleteaba sobre mí e inundaba el jardín de olor a lavanda. Los brillitos que se desprendían de sus alas me hipnotizaban, igual que lo bien que mantenía su porte en el aire. Elba era una mujer voluminosa, pese a que no medía más de un metro, y muy rolliza. En cuanto me vió, frunció el ceño y me dedicó una mueca de falso desprecio que me hizo alzar una ceja.

—No te ha gustado, ¿verdad, Cenicienta?

Negué con la cabeza.

—No sé qué he hecho mal, Elba…

Sentía como si hubiera acudido para presenciar un incendio y no hubiera visto ni las brasas. Me había quedado fría, desencantada. Incluso me alegré cuando el vestido se deshizo a las doce en punto. ¡Y eso que era precioso!

Elba, grácil como ella sola, descendió y se sentó en el suelo, muy cerca de mi cabeza. También me hizo gracia el contraste entre su vuelo y su sentarse. En el aire, se movía como un colibrí, pero aterrizó con las piernas cruzadas, la falda arremangada y los brazos apoyados a las rodillas.

—El príncipe no era para tanto, ¿verdad, amor?

Callé, pensativa.

—Era un chulo de mierda. “Mi familia esto, yo lo otro, mis oros, mis joyas, mis aposentos, mis mimimí”. ¡AGH! ¿Qué le ven mis hermanastras a ese imbecil?

Golpeé el césped con el puño cerrado.

—Te has respondido tú sola: ven a un imbécil.

La risa del hada era el tintineo de un cascabel. ¡Qué contagiosa!

—¿Y entonces? No sé qué hacer con mi vida. No quiero quedarme en esta casa de mierda, limpiando para esas tres cabronas.

Decir palabrotas era liberador. Tanto frotar, tanto lavar… Estaba harta hasta de hablar limpiamente.

—Enfoca mejor tus ideas. Ya sabes que yo estoy aquí para darte apoyo.

—Gracias, Elba. No sé qué haría sin ti.

—Pues otras cosas, Cenicienta.

Elba se encogió de hombros. Yo me giré, descargando mi peso sobre el costado izquierdo, y me embelesé en los ojos del hada. Eran de un azul vibrante, oscuro, a juego con sus brillos y sus alas y su vestido; a juego con toda ella. No puedo negar que sentí una pizca de envidia. ¡Qué garbo desprendía Elba!, ¡qué poderío en una criatura tan menuda! No tuve que mirarla mucho rato para entender qué había pasado en el baile.

—Creo que solo quería joderlas a ellas, a Drizella y a Anastasia, derrotarlas en su propio juego.

—Eso ya lo has hecho, ¿no?

—Sí, pero no quiero casarme con el príncipe, ni tener hijos, ni ocupar la silla a su lado en el trono… —Me llevé la mano a la frente—. Estoy harta de estar atada. Con eso solo cambiaría al dueño de mis cadenas. Tal vez a ellas no les importe, pero a mí…

Entonces, en ese instante, supe que no tardarían en volver. Drizzela y Anastasia y la asquerosa de su madre. También supe mejor qué era lo que quería.

—Quiero irme de aquí, Elba.

El hada y yo nos sostuvimos la mirada. No sé qué le vi, pero recuperé a las dos de la mañana toda la ilusión que había perdido a las doce (o tal vez antes).

—¿Quieres venir conmigo, Elba? —Me incorporé con energía y me senté frenta a ella—. De verdad, vámonos de aquí. Cogemos un tren o un barco o yo que sé, ¡andando si hace falta!

Ahora sé que el hada se ruborizó, pero en ese momento no comprendí el tono azulón que le subió a las mejillas. Elba movió las alas sin levantarse, en un gesto inquieto, y miró a un lado y a otro antes de volver a fijarse en mí.

—Pero Cenicienta…

—Si no quieres, no pasa nada. Lo entiendo.

—No, no. No es eso. —Esa fue la primera vez que la puse nerviosa—. Me encantaría.

Di un par de palmadas y sonreí de oreja a oreja, presumiendo de dientes.

—¿A dónde te gustaría ir? —le pregunté emocionada.

Elba se contagió de mi ánimo y echó a volar de un salto.

—Si quieres algo exótico, ¡podemos visitar otros mundos! Hay uno muy bonito con aves que hablan y otro dónde viven gigantes de piedra y otro donde…

Yo también me levanté y la interrumpí. ¡Otros mundos!

—¡Ese de los pajaritos suena bien! Pero antes… ¿Te puedo pedir un deseo? O un favor, mejor.

—¿Sí?

—¿Me puedes pasar una cerilla? Necesito hacer algo antes de irme.

Elba chasqueó los dedos y apareció su varita. La agitó y un resplandor leve trajo a su mano una caja de fósforos. Elba le dio un golpecito y la caja se abrió, se mostró llena. Una cerilla flotó hasta mi mano.

—¿Estás segura?

Asentí.

El hada prendió la mecha y yo lancé la cerilla junto a las verjas de madera. El fuego se propagó con la misma gracia que se movía el hada. Saltó de tabla en tabla y las chispas tomaron el césped y los verjeles. Elba y yo abandonamos el jardín ardiente, entramos en casa y nos aseguramos de dar a cada mueble de aquella lujosa prisión una cerilla encendida. En aquel momento, por primera vez, mi nombre cobró sentido y yo aspiré hondo.

—¿Nos vamos? —preguntó ella, y yo la cogí de la mano.

El olor a cuento quemado se nos quedó pegado a la ropa.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº10: Continua un cuento conocido en lugar de aceptar el final.

 

origireto-mayo

 

 

Otros relatos para el OrigiReto2018

  1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma: Enero I
  2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio: Enero II
  3. Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales: Febrero I
  4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino: Febrero II
  5. Inventa un relato descriptivo que haga que los personajes o la escena en sí, sean algo completamente diferente a lo que parece: Marzo I
  6. Crea una historia que esté centrada en un ritual: Marzo II
  7. Relata una adopción peculiar: Abril I
  8. Escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura: Abril II
  9. Describe un despertar original: Mayo I
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OrigiReto2018: La Roca Sagrada (Mayo I)

Lo que no ha ocurrido no se puede contar. Así que no puedo hablarte de nuestro origen, querida Nana. No puedo hablarte del día que este planeta, nuestra Roca Sagrada, se despertó. Sin embargo, si quisiera cometer tal sacrilegio, un acto tan obsceno como mentir, ten a buena fe que te hablaría de los antiguos, una especie cuyo nombre no sabemos, porque lo que no ha ocurrido tampoco se puede saber.

Si quisiera faltar a la Voz y la Verdad, que en la vida ocurra algo así, di tú que te hablaría del mago Varlavás, de todos los antiguos el peor. Al contrario que nuestras plumas, las suyas eran coloridas y sus alas no acababan en muñones; eran unas criaturas elegantes, majestuosas y capaces de alcanzar rincones con los que nosotros aun no soñamos. Se diría, de haber existido, que era un pájaro viejo y gruñón, que miraba a todas partes con el ceño fruncido y que de su pico no salían más que gritos, quejas e improperios. Varlavás era arrogante, o lo habría sido, claro, pero nadie osaba plantarle cara.

Porque Varlavás era también el mago más poderoso de esta especie muerta. Cuando guardaba su pico de sus comunes groserías, lo empleaba para cantar ensalmos que alteraban el orden natural de las cosas, Nana. Podía hacer volar las piedras y permitía a sus seguidores respirar bajo el agua; convertía la tierra en pan con sus cánticos y encantaba las semillas que se abrían paso a través del suelo para que dieran frutas multicolores. En sus mejores días, cuando Varlavás se permitía tener un humor que no cortara, el picudo incluso bromeaba con ser capaz de alterar el planeta entero. Decía, o diría, si hubiera existido, que era capaz de distorsionar toda la esfera y darle vida; que era capaz de despertarla.

Nadie acabó de creerlo, claro. Una cosa eran unas branquias temporales o cuatro barras de pan formadas con un cubo de barro, pero ¿el planeta entero? Parecía una locura. Sin embargo, como te habría dicho si quisiese faltar a la Verdad, nadie se atrevió a replicarle nada. Ni cuando solo bromeaba, ni cuando él mismo creyó sus palabras; loco desgraciado… ¡Lo que pudo haber hecho, hija, de haber ocurrido!

Se dice, o se diría, que Varlavás el mago se ensució las plumas. Las manchó de sangre y vómitos y vísceras y carne. Sacrificó a una ciudad entera, la mayor de las urbes antiguas, y condenó a las pobres almas a tornarse en magia. Ni descanso tuvieron, o no habrían tenido de ser cierto, claro, pues quedaron atrapadas en la esmeralda que coronaba el bastón del viejo pájaro.

Satisfecho con el caudal de magia que obtuvo, Varlavás pronunció un cántico que nadie jamás ha sabido y clavó el bastón con fuerza en la azotea de la torre más alta. La esmeralda estalló, las esquirlas se clavaron en su cara y mellaron su pico. Los lamentos de los muertos fueron liberados, chillidos desgarradores que se disiparon como en un mal chiste. Luego la superficie entera de la Roca Sagrada tembló y se dice, o se habría dicho, que se abrió un ojo enorme en mitad de una pradera. Su tamaño era tan, tan desorbitado que las estrellas en el cielo se sintieron observadas.

El temblor creció en intensidad y la torre sepultó a Varlavás con todo su saber y toda su arrogancia. Le cerró el pico, vaya, pero el daño ya estaba hecho. Muerto el mago, la Roca Sagrada continuó sacudiéndose, desperezándose. Las ciudades y poblados que poco quisieron saber de Varlavás también sufrieron los terremotos y fueron tragados por la tierra. Alrededor de todo el ecuador del planeta se abrió una boca. La Roca Sagrada bostezó, o lo habría hecho, y de su garganta surgió lava y surgió humo. Un humo negro, muy espeso, cargado de toda la magia que Varlavás había entregado, un humo que cubrió la atmósfera durante días o semanas o meses, no se sabe, como una legaña que se resiste a abandonar un ojo.

Si quisiera faltar a la Voz y a la Verdad que pronuncia, te diría que no nacimos de un huevo primigenio, que no fuimos incubados durante diez días y diez noches y que no somos la creación de un dios fonémico. El despertar del planeta se cobró la vida de muchos, pero no la de todos. Magos menores, mucho menos pretenciosos y más prácticos que Varlavás, lograron salvar a un pequeño grupo. Sus cuerpos perdieron los colores por los residuos mágicos que respiraban y sus alas se atrofiaron, pero vivieron para ser padres, abuelos y bisabuelos. O lo habrían hecho, si todo esto hubiera ocurrido.

El inteligente de Varlavás logró lo que quería, despertó al planeta, sí, pero no como él esperaba. Su magia no le confirió vida a la Roca Sagrada, ella había estado viva desde el inicio de las eras. Varlavás tan solo le hizo cosquillas, como las que te haría yo a ti, querida Nana, si te contara esta mentira, y la despertó.

Pero, como ya sabes, las cosquillas son algo efímero. El ser astral sobre el que vivimos (o viviríamos) no tardó en bostezar de nuevo. Los ojos se entornaron y las praderas volvieron a su sitio. Cerró la boca y el humo corrupto por el ensalmo de Varlavás dejó de manar. Volvió a dormir.

A los supervivientes les costó generaciones filtrar por completo el aire, pero lo lograron: crearon un sistema de corrientes purificadoras que eliminaban el humo. Corrientes que aullaban con tanta, tanta fuerza, que unos pocos crédulos las acabaron confundiendo con el habla de un dios.

Por suerte para ti, Nana mía, no te quiero contar una historia así. Nuestra voz debe honrar la verdad para que la Voz nos devuelva las alas; de nuestros picos solo ha de nacer lo que es cierto si queremos volver al nido sagrado. Toda mentira será castigada en la Roca Sagrada por los coristas y, tras la muerte, por la propia Voz. Recuérdalo siempre y haz como tu abuela, que jamás te cuenta lo que no ha ocurrido.

Y ahora a dormir. Buenas noches, pollito mío.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº9: Describe un despertar original.

 

Otros relatos para el OrigiReto2018

  1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma: Enero I
  2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio: Enero II
  3. Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales: Febrero I
  4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino: Febrero II
  5. Inventa un relato descriptivo que haga que los personajes o la escena en sí, sean algo completamente diferente a lo que parece: Marzo I
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  7. Relata una adopción peculiar: Abril I
  8. Escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura: Abril II

 

OrigiReto2018: Uno y tres cuartos (Abril II)

Todo gnomo sabe que, una vez siembras una planta en su maceta, el tallo crece hacia arriba y las raíces, hacia el Jardín de los Jardines, el hogar de los gnomos. Nuestro hogar. Así es como nuestra parcela de existencia se entrelaza con la Tierra, el Agua, la Casa bajo el abismo,  la Cercanía o Terlopecia. Me sé toda la teoría de pe a pa. De verdad que sí. La distribución de los Jardines, las rutas de viaje… Soy gnomo desde hace catorce años. Tengo estudios sobre la conservación de raices viajeras, tres padres gnomos que me quieren y decenas de amigos que me aprecian y me valoran por lo que soy.

Sin embargo, estoy dando el estirón (¡otro! Ya ni sé cuántos llevo…) y basta con salir a la calle para que me ponga nervioso. Abandono la caseta que guarda nuestro jardín familiar y me estiro. Mis padres creyeron que sería lo suficientemente alta para resguardarme incluso de adulto, pero lo cierto es que ya se me queda pequeña. El cálculo no es el punto fuerte de ninguno.

—No es buena idea que vaya con vosotros —me quejo.

—Sí que lo es, hijo —me dice Espárrago, que de mis padres es el más racional—. Puedes cargar veinte veces más peso que nosotros.

—O cuarenta, o cincuenta. ¡O cien! —añade Cilantro.

Los tres se han negado a que los lleve a cuestas y caminan a mi alrededor. Muy, muy cerca de mis pies.

—Pero ¿y si os piso? —Sigo inseguro.

—Pues nos romperás todos los huesos y nos matarás. Y encima nos ensuciarás los capiruchos y los dejarás hechos un asco. —Vetusto se ríe. De los trés es el más chistoso, aunque sus chistes no siempre sean bien recibidos—. Mira, Triguero: no nos has pisado una sola vez en catorce años. No vas a hacerlo ahora.

—Además, te orientas mejor que nosotros en el Jardín de la Tierra.

—Solo en teoría.

—Por eso vienes con nosotros. —Cilantro se encoje de hombros. Él es el más práctico de todos.

Suspiro y avanzo por el camino. Las lindes están adornadas con matorrales y florecillas que miden más que dos gnomos juntos, pero a mí apenas me llegan a las rodillas. Debería poder admirar la belleza que nos rodea, la marea de colores que cubre los campos, pero yo solo siento algo de vértigo. Aprieto los ojos y aspiro hondo.

—Todo va a estar bien. —Espárrago lo dice para tranquilizarme.

Y los tres asienten.

***

Paramos frente a las raices gruesas de una palmera, que se elevan desde el suelo del Jardín de la Tierra con tanta fuerza que bien podría estar levantando pesas al otro lado. Su tamaño ayuda a aliviar mi vértigo. Es una de las raíces más grandes del Jardín de Jardines, al menos una de las más grandes disponibles para los gnomos de a pie, como mis padres y yo, y se extiende hacia arriba como un árbol sin hojas. ¡Qué paradójico que en realidad sí las tenga (al otro lado)! La he estudiado y sé que conduce a las islas Canarias, un archipiélago terrestre con muy buen clima.

Mientras mis padres viajan, me quedo obnubilado, pensando en lo extraño que debe ser el momento de zambullirse en la tierra. Sé que hay un instante mágico y mareante en el que el arriba se vuelve abajo y pasas de descender por el barro a surgir tierra arriba, en este caso en las Canarias. Me quedan todavía unos años para poder viajar, pero no tengo prisa.

El suelo tiembla levemente y me alejo de las raíces. El capirucho de Vetusto asoma entre la tierra. Ya vienen.

—¡Al rico plátano!

Me agacho con lentitud, para evitar el mareo, y ayudo a desenterrar un racimo de más de una docena de plátanos. Tienen un aspecto delicioso y mi barriga lo corrobora con un gruñido. Pronto surgen Cilantro y Espárrago con un cargamento de frutas y una bolsa pequeña de basura, para rebuscar algo que vender. Hoy tocaba hacer la compra para la casa.

—¿Nos podemos ir ya? —pregunto inquieto.

Mis padres se miran entre ellos y yo frunzo el ceño. ¿Qué les pasa hoy?

—¿Te importa que demos un rodeo? Me gustaría pasar por el Jardín de Terlopecia para buscar semillas de bascual.

Refunfuño, pero asiento. Emprendo el viaje de vuelta, cargado de fruta y basura.

***

De vuelta a casa, por una vez en todo el día, mi altura sirve para algo más que marearme. Puedo ver a lo lejos nuestro jardín y una caseta que antes no estaba ahí. Es alta, más alta que la antigua y más alta que yo. ¡Es nueva! ¿Por eso querían retrasar la llegada? ¿Quién lo habrá hecho? Hago un amago de contarles la verdad, pero acabo callando para no arruinarles la sorpresa. Camino con cuidado de no pisarles, mordiéndome los labios, y escucho como mis tres padres cuchichean. Mira que gritan, pero cuando quieren son capaces de hablar entre los ellos sin que les oiga ni media sílaba. Seguro que están teorizando sobre mi reacción.

Cuando torcemos por fin la esquina y la caseta queda visible para ellos, me llevo las manos a la boca y reprimo un grito de falsa sorpresa.

La caseta debe de medir el doble que yo. La forma aleatoria en la que han unido las tablas que forman las paredes me hacen sospechar que es obra de Habichuela y la pintura, rosa claro con motivos florales, me lleva inmediatamente a Margarita, las gnomas del jardín de al lado.

—¡Suelta las cosas y corre! Ya llevamos nosotros todo hasta allí —me anima Cilantro.

—¡Y dale las gracias a Marga y Chuela!

Inspiro. Espiro. Cojo fuerzas y emprendo una carrera corta. La calle está vacía, lo que elimina mi miedo a llevarme a nadie por delante. Las gnomas esperan a las puertas del jardín, me agacho y las beso (y ellas me besan a mí).

—He puesto escaleras a las sillas, la mesa y la cama, para que tus padres puedan ponerse a tu altura, ¡les va a encantar!

—Y ya verás la cocina, ¡qué hermosa la hemos dejado!, ¿verdad, Marga?

Las gnomas frotan sus narices y yo avanzo hasta la puerta de la caseta.

En el suelo hay un felpudo que reza:

Crece fuerte.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº8: escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura.

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  6. Crea una historia que esté centrada en un ritual: Marzo II
  7. Relata una adopción peculiar: Abril I

OrigiReto2018: Tres y medio (Abril I)

No está grabando, ¿no?

¿Qué? ¿Ya?

HHMMFFFF. COF, COF.

Ahora.

Hola, Triguero:

Si estás escuchando esto, quiere decir que ya has crecido lo suficiente como para ver que las cosas no son como tus papás te habíamos contado. No sabemos cuántos años tendrás cuando nos oigas, pero para nosotros tres, mientras grabamos este audio, apenas ha pasado un año desde que estás con nosotros. Y la verdad, no podríamos ser más felices. Sin embargo, sabemos que querrás explicaciones cuando veas que hay algo que falla. O no, no fallará nada, perdona (es muy difícil encontrar las palabras). Sí que notarás que algo no es en tí como en nosotros.

Gracias a toda la información que hemos recogido Espárrago, Vetusto y yo, hemos decidido grabarte un audio. Sabemos que es un método de comunicación muy importante entre los humanos y queríamos hacerlo a tu manera. Porque sí, Triguero, aunque siempre serás un gnomo en nuestro jardín, también eres humano. Negártelo solo te haría daño y es lo último que queremos.

Ya lo habrás imaginado, pero esto quiere decir que no brotaste en el Jardín de infancia. Tu nariz no traspasó el suelo fertil de nuestro mundo, pero te prometemos que Espárrago, Vetusto y yo sí fuimos los primeros en verla (o los primeros que supimos lo importante que era). Naciste al otro lado de las macetas, en la Tierra, y nosotros jamás sabremos cómo, ni cuándo. No hace falta.

La noche empezó normal para un gnomo adulto. Cruzamos a la Tierra siguiendo las raíces más cercanas y aparecimos sobre un macetón en mitad de un parque mal cuidado, lejos de la civilización. Nos sacudimos el barro (pedimos perdón a las lombrices que despertamos) y saltamos al suelo. Vetusto siempre nos recuerda el mensaje que había pintado en él: “María y Amaia APS”. Sin embargo, no tuvimos mucho tiempo para apreciarlo.

Te oímos llorar. ¡Menudo susto nos diste, Triguero!

Cuando nos repusimos, miramos a todas partes, buscándote, pero estaba tan oscuro que no alcanzabamos a ver nada más allá de nuestras narices (¡y mira si hay espacio ahí!). Obviamente, los tres nos olvidamos de la chatarra que debíamos recoger. Espárrago, que de tus padres es quien tiene mejor oído, nos guió entre las sombras hasta el lugar en el que te encontrabas. Caminaba con tanto cuidado que creíamos que el amanecer llegaría primero, ¡ojalá lo hubieras visto con sus andares menudos!

Entonces os vimos, a ti y a tu narizilla enrojecida, y he de decir que el corazón nos latió a mil por hora, nos asustamos más que cuando te oímos llorar. ¡Nosotros habíamos cruzado a la Tierra para recoger chatarra y venderla en otros mundos! Jamás nos habríamos preparado para encontrar a un ser tan carnoso, blando y vulnerable. Alguien, otro humano, te había abandonado, envuelto en una manta azul marino, y tu cabecica rosa destacaba como la luna sobre los cuatro.

—¿Y ahora qué? —recuerdo que les pregunté entonces.

—¿Qué de qué? —Espárrago y Vetusto respondieron a la vez.

Los tres nos encogimos de hombros. Buscamos respuestas en ojos ajenos. Temblamos. Yo incluso me atreví a reír, incómodo por toda la situación. ¡Qué extraño eras, Triguero, y qué pucheros hacías!

—No podemos dejarlo aquí —les pedí. Sabía que morirías entre la basura.

Tus otros dos padres asintieron.

—Llevas razón, Cilantro —me dijo Espárrago.

Claro que la llevaba.

—¿Y qué hacemos con él? ¿Lo llevamos a la ciudad? —De tus tres padres, Vetusto es el que más duda.

Tuve que decirle la verdad.

—No lo sé.

—Si nos ven los humanos, estamos perdidos —añadió Vetusto—. No quiero convertirme en una figura de cerámica.

—Ni yo —dijo Espárrago.

—Ni nadie  —acabé yo. En eso estabamos de acuerdo los tres.

—¿Entonces?

Vetusto volvió a la carga y yo, que de tus tres padres soy el más lanzado, no me lo pensé mucho:

—Nos lo llevamos a casa.

Hicimos falta los tres para poder cargarte, agarramos los pliegues de tu manta y te levantamos como a una almohada vieja. El camino se hizo largo. Larguísimo. Y no solo porque tú como bebé fueras más grande que nosotros, ni por lo mucho que pesaras (¡qué rollizo eras!). Las dudas ya no corrieron solo de Vetusto: no sabíamos si podríamos hacerte cruzar la maceta de vuelta a casa, teníamos dudas de que el resto de gnomos del Jardín te aceptaran y, sobre todo, nos aterraba el futuro si todo salía bien. Imagino que a estas alturas ya sabrás lo que se dice de los humanos.

La mayor parte del camino hasta la maceta de “María y Amaia APS” ya había quedado atrás cuando comenzaste a llorar. ¡Qué pulmón, chico!  ¡Cómo gritaste! Y el susto que nos diste (el peor de todos) hizo que se nos subieran los intestinos al capirucho. Estabamos tan asustados que solo supimos correr para acelerar la llegada. Una vez frente a la maceta, te dejamos en el suelo y fue Vetusto quien hizo su magia.

Primero hinchó los carrillos y compuso unos gestos estúpidos que te cortaron el llanto. Lo miraste tan fijamente que los tres sonreímos, tus ojillos estaban llenos de vida, como una suerte de chispa que nacía de los lagrimales. Vetusto llevó sus labios a tu frente y sopló. Jamás había escuchado una pedorreta tan fea, ni una risa tan tierna como la tuya, Triguero. Ahí fue cuando supimos que no había marcha atrás.

Entre los tres, te cantamos una nana y te cubrimos el rostro tras dormirte; entre los tres, te subimos a la maceta y te zambullimos en el barro; entre los tres seguimos las raíces de vuelta al Jardín, te guiamos hasta tu nueva casa, y entre los tres te hemos cuidado como el hijo que eres, como gnomo y como humano. Como dice Espárrago, contigo somos tres y medio (o uno y tres cuartos).

Cuando escuches esto tal vez seas enorme, pero nos da igual cuánto crezcas, Triguero. Este audio es una promesa: nuestro hogar jamás te quedará pequeño.

Y ya está.

¿Lo he hecho bien? No os imaginais lo nervioso que estaba. Si queréis, le grabamos también lo de su nombre o lo de… ¡Vetusto! ¿Le has dado al botoncico de parar?

¿QUE NO?

¡Por todos tus gnomos de cerámica, dale ya!

 


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº7: Relata una adopción peculiar.

 

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  1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma: Enero I
  2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio: Enero II
  3. Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales: Febrero I
  4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino: Febrero II
  5. Inventa un relato descriptivo que haga que los personajes o la escena en sí, sean algo completamente diferente a lo que parece: Marzo I
  6. Crea una historia que esté centrada en un ritual: Marzo II

 

 

 

 

 

 

OrigiReto2018: Orión (Marzo II)

La plaga se había extendido por toda la comarca. Solo entonces se atrevieron a buscarme esos cabrones.  Pepona, cúrame la fiebre; Pepona, la gonorrea; Pepona, mátame al marido y cubre las huellas… Al final siempre los movía el interés. Daba igual lo amable que fuera con ellos, lo bien que los tratara cuando se acercaban a mi huerto y me contaban sus problemas o que jamás les cobrara los favores en dinero. Todo eso daba igual.

Negué con la cabeza, resignada.

—Mira, María… —comencé a hablar.

No podía ayudarla, no se lo merecía. Ella lo percibió en mis maneras y me miró con sus ojillos apenados; yo percibí en sus ojillos la muerte de un ser querido, su madre, y una imagen horrenda hecha de pus y sangre. Resoplé. Las chispas de magia, como siempre, inoportunas.

—Lo que me pides será difícil —volví a hablar, resignada—. Tendrás que ayudarme y no toleraré una sola queja.

—No la habrá. Te lo prometo.

Y la muchacha asintió, como si supiera donde se metía.

—Aquí tienes la lista de ingredientes.

 

Cuatro fémures de perro

María cumplió, no hubo una sola queja.

—¿Lo mataste tú? —le pregunté, mientras despellejaba el cuerpo que me dejó sobre la mesa.

—Ya estaba muerto. Le abrieron la cabeza a las puertas de la iglesia.

—Eso le pasa por no acogerse a sagrado.

Solo reí yo. Ella agachó la mirada.

—En situaciones como esta, la seguridad es una ilusión. Los que no enferman, o aún no lo han hecho, enloquecen… —intenté arreglarlo.

—A mí me lo vas a decir, tapiaron mi casa mientras dormía.

—¡Jesús!

—Ya.

Y se hizo el silencio.

 

Dos colas de lagartija

—¿De verdad vale cualquiera?

—Que sí.

María me tendió un frasquito con los dos animales vivos.

—¿Tanto te costaba matarlas antes?

—Lo siento, no soy capaz. No lo llevo en la sangre.

—¿Qué sangre ni qué sangre? —me reí, pero le di una palmada en el hombro para suavizar mi respuesta—. Trae, anda, que ya me encargo yo.

Le arrebaté el bote, busqué unos polvillos en mi encimera y espolvoreé una pizca dentro. Las lagartijas cayeron redondas y yo las saqué para cortarles las colas con un cuchillo. María apartó la mirada.

—Oye, María, ¿y cómo fue que saliste de tu casa, si te habían tapiado la puerta?

—La eché abajo.

—¿Cómo?

—De un empujón, no sé.

—No, no. Que cómo fuiste capaz de derribarla. ¿No llevabas varios días sin comer?

—Sí… Fue extraño, sentí como un chute de energía, como un chispazo en las entrañas, y abandoné la idea de querer morirme.

—Te poseería un psicólogo —bromeé.

—Pepota.

—Perdón… —suspiré. Volví a meter las lagartijas en el tarro y se lo devolví a la muchacha—. Las puedes soltar en mi huerto, solo están dormidas. Las colas les crecerán de nuevo.

María me miró a los ojos y, por un instante, juraría que vio algo.

 

Un ojo de murciélago

—¿Y no has pensado que esa fuerza súbita y tu salud tal vez estén relacionadas?

—Claro que sí.

María estaba sentada en mi butaca, leyendo el cuaderno de cuentos que heredé de mi abuela. Todavía me sobraban ojos de murciélago de mi último encargo, por lo que no hubo que dejar tuerto a nadie.

—Es porque estoy gorda. La gente se cree que es poco sano, pero en realidad debe de ser como les pasa a los camellos con la joroba —alzó la vista del libro—. Vamos, que tengo una reserva de energía—. María se dio una palmada en la barriga.

Esta vez, yo la miré incrédula y fue ella la que se rió de mí.

—No me puedo creer que te lo hayas creído.

—Yo tampoco —reconocí.

—¿Por qué lo preguntabas?

—Por nada, por nada. Tonterías mías.

 

Un riñón de cerdo sano

Tardamos más de una semana en encontrar un órgano en condiciones. Los pueblos de alrededor estaban vacíos o habían perdido a sus cerdos o a sus carniceros. Al principio no pretendía acompañarla, pero no quería dejarla sola de noche en mitad del campo, de camino a Dios sabía dónde. Por suerte, la Peste había hecho algo bueno: poner de moda las caras tapadas.

—¿Pepona?

—¿Sí?

—Estaba pensando… ¿Cómo se supone que va a funcionar la pócima? ¿Habrá que repartirla por los pueblos? ¿La lanzamos al aire y lo purifica? ¿O solo será para nosotras?

—Qué ingenua eres. No va a haber ninguna pócima, la Peste no es de origen natural.

María no disimuló el escalofrío.

—No sabía muy bien cómo decírtelo, pero hay un errante causando todo esto. No sé si es por culpa de alguna otra bruja de la comarca o de los imbéciles con estola de la Iglesia, pero alguien se ha olvidado de ponerle las cadenas a su criatura extraplanar.

—¿Entonces?

—Los ingredientes son para invocar a Orión, el búho blanco.

Vi el alivio en el rostro de María. ¿Había creído que la estaba engañando?

—¿El espíritu sanador que aparece en los cuentos de tu abuela?

—El mismo. O bueno, tal vez venga algún hijo suyo. Ya veremos.

 

El corazón de alguien fallecido por la Peste

Del último ingrediente me encargué yo. María me pidió que recogiera el corazón de su madre y no supe decirle que no. Para ella era importante que la muerte de Alberta significara algo y para mí, bueno, para mí empezaba a ser importante ella.

—¿Estás bien, María?

—Sí, sí. Ha sido solo la impresión al verlo.

—No tienes por qué mirar, si no quieres.

—Lo sé, pero siento que se lo debo a mi madre, es lo mínimo.

Asentí. Dispuse todos los ingredientes dentro del círculo de invocación y adorné la sala con velas de colores, para que espantaran un poco el ambiente tétrico y María no se pusiera nerviosa.

—Oye, Pepona —me interrumpió—. Llevo días dándole vueltas y ¿crees que tal vez podría quedarme contigo? Cuando todo esto acabe, quiero decir…

Sonreí, la miré a los ojos y, gracias a otra inoportuna chispa de magia, vi qué pasaba.

—¿Lo sentiste, verdad? —le pregunté—. Antes de liberar a las lagartijas.

Ella asintió.

—Creo que fue por la energía que guardo en la barriga.

—Entonces ya sabes lo que te voy a decir, ¿no?

Volvió a asentir.

—¿Quieres ayudarme a pronunciar el conjuro para invocar a Orión?

—Estaba deseando que me lo preguntaras.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº5: Crea una historia que esté centrada en un ritual.

 

Pegatina

Plantilla.png

 

Otros relatos para el OrigiReto2018

  1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma: Enero I
  2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio: Enero II
  3. Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales: Febrero I
  4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino: Febrero II
  5. Inventa un relato descriptivo que haga que los personajes o la escena en sí, sean algo completamente diferente a lo que parece: Marzo I

 

OrigiReto2018: Epidemia (Marzo I)

Las calles están vacías, da igual la hora; cuando yo vivo, nadie se acerca. Camino sin prisa por el barrio, acariciando con la mano el adobe que da forma a las paredes. De vez en cuando se escuchan los llantos de un bebé hambriento o de algún padre o madre que ha perdido a su retoño. Viejos, jóvenes, solteros o en pareja, todos lloran aquí, pero nadie llora para siempre. A veces se cansan y callan, se toman unos minutos de su corta vida y miran los techos de paja que los cubren para pensar en lo que han perdido; a veces se alternan, derrotados, y se permiten diluír sus pesares, cobijándose en el llanto ajeno; a veces simplemente callan y callan. Entonces alguien los llama: ¿Pedro?, o ¿Juana?, o ¿Almudena?, o ¿Jesusín? y en su callar, revelan su ausencia, su sin estar. Pedro y Juana y Almudena y Jesusín han muerto ya, como muchos otros.

Las ventanas que dan a la calle están tapiadas desde fuera, marcadas con cruces a veces. No me sorprende que recen, orar en busca de ayuda o pedir un milagro es tan natural en su situación como lo es el hedor que cubre el lugar. Lo difícil en este barrio de pescadores es respirar, eso sí que cuesta y carcome el ánimo. Hace tiempo que ya no huele a peces secando, porque hace tiempo que no se pesca. El viento que me acuna y que se filtra por los huecos de la madera ahora huele a Pedro, a Juana, a Almudena, a Jesusín. Nadie se acostumbra a aspirar el aire fétido de un ser querido, no da pie ni al duelo ni a la paz.

Las rachas me transportan hasta la casa número nueve de una calle sin nombre, un edificio igual de humilde que el resto de casas, igual de tapiado que el resto de casas; igual de triste y maloliente que el resto de casas. María aguarda dentro, la pobre, ilusa. Echo un vistazo a través de las rejillas y me sorprendo de lo bien que se la ve, robusta como siempre ha sido, y sana. No hay rastro de las ampollas, ni de los bultos, ni de las heridas, ni de la sangre, pero se le nota en la barriga que ha perdido peso, aunque no fuera suficiente para que la gente la dejara en paz. La turba la ha condenado a morir de hambre y ella ya lo ha asumido. María reza, de rodillas, frente a un altar improvisado con una cruz de madera y un colgante de su madre.

—Cuídala, por favor.

Pobre criatura, si tan solo alguien la escuchara allá… Aquí poco puedo hacer por ella, más que aguardar a que la falta de alimento le traiga una paz insatisfactoria.

Movida por sus plegarias, continúo mi paseo hasta la casa de su madre, la número dos de la calle sin nombre. De nuevo, oteo entre las rendijas disponibles, pero no queda mucho que ver. Su madre ha muerto, tumbada en una cama, roída, abrazada a una prenda que pertenece a María. Al lado, sobre una mesilla, hay una vela derretida de tal manera que parece que la cera llore, estática. Alberta también rezó, posiblemente por su hija, tal vez para que no enfermara. Qué ironía de la vida que su plegaria fuera acertada y a la vez no la haya podido salvar. María y Alberta pronto estarán juntas. O no, puede que jamás vuelvan a verse.

La calle acaba a la vez que el barrio. Maderas, sacos, piedras y alambres cortan el camino que une la barriada de pescadores con el resto del pueblo. Sin embargo, no me detienen. No me queda nada por hacer, tengo que avanzar.

Camino por un paseo vacío, contemplo las flores, mecidas por el aire rancio que me acompaña. Pedro, Juana, Almudena, Jesusín y Alberta abarcan más de lo que imaginaba. La gente los intuye y tampoco se acerca. No queda nadie en los barrios colindantes, se han ido todos: han huído hacia dentro, hacia el centro de la ciudad; o hacia fuera, a pueblos vecinos donde esperan que su familia les acoja.

Los ladridos de un perro me distraen, un chucho pulgoso que no sabe nada de esta epidemia, salvo que le procura una nueva carne. Se me acerca con el rabo enloquecido y olisquea a mi alrededor para, acto seguido, arrugar el morro. Normalmente eso basta para que se alejen, pero este perro cree que si me sigue logrará sustento. No le chisto, no es la primera vez que camino en compañía.

Pasa mucho tiempo antes de ver a las primeras personas.Caminan rápido, cabizbajas, cubiertas de tantas telas que ni Dios sabrá qué caras haya debajo. Algunos niños miran al chucho desde la ventana, con añoranza, con ojillos de “¿por qué no puedo salir a jugar, si hace tan buen día?” Algunos ya no jugarán jamás en esas calles ni en ninguna otra, me pregunto si no lo intuyen.

Mi caminar termina frente a una iglesia sencilla, bajita, sin pretensiones. Atravieso el umbral de la puerta y mi compañero canino se queda fuera, incapaz de cruzar como yo los portones cerrados. Sus ladridos, una mezcla de miedo y rabia, retumban contra la madera y se hacen eco por las paredes del santuario.

La iglesia está llena, es hora de misa. El cura reparte las hostias desde un cáliz a una hilera de gente que se ha permitido abandonar sus hogares para orar por su seguridad o por sus pecados. Cientos de cabezas se giran ante el ruido del animal y miran, sin saberlo, la puerta a través de mí. Sus caras adquieren un leve matiz de pavor por los ladridos y yo veo en la muchedumbre multitud de Pedros y Juanas y Almudenas y Jesusines y Albertas. Incluso más de una María, condenadas a ver morir a quienes más valoran.

Alzo los brazos y el hedor putrefacto de la plaga se extiende para abarcar todo el edificio. Las caras de los feligreses se arrugan ante el olor. Algunos, las Marías, intuyen mi presencia a través de la alerta del animal, que aún gruñe como una bestia rabiosa.

Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta que la Peste está presente, de pie frente a sus víctimas.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº6: Inventa un relato descriptivo que haga que los personajes o la escena en sí, sean algo completamente diferente a lo que parece. Lo he intentado, por lo menos.

La pegatina estará cuando acabe el mes.

Otros relatos para el OrigiReto2018

  1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma: Enero I
  2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio: Enero II
  3. Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales: Febrero I
  4. Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino: Febrero II

¿Qué es el Proyecto Gordxs?

En Enero me senté, lo hago a menudo (perdón, sé que está feo empezar con un chiste tan horrible), y me puse a pensar concienzudamente en qué quería hacer a lo largo del año. A nivel literario, tenía claras dos cosas: debía leer más y escribir más aún, lo cual es bastante fácil, porque este 2017 fui un pelín zángano. Decoré todo esto con letras, un puñao de numeros mínimos a cumplir (de estos que te hacen sentir mejor, porque en realidad son muy bajos) y un par de cositas extra que tenía pendientes de hacer desde el año pasado. Y voilá! Tenía PROPÓSITOS.

Sin embargo, no me quedé ahí, mientras escribía me vino una idea y me metí en el fango: se me ocurrió Proyecto Gordxs.

En la entrada de los propósitos lo expliqué muy brevemente, tanto que se podía pasar por alto. Pero como soy tan espabilado, voy y me pongo a hablar de ello por tuiter y me creo que todo el mundo entiende de lo que hablo. Hasta que hace unos días me dije que era hora de contarlo bien.

Y ahora sí:

¿Qué es Proyecto Gordxs?

Pues una movida.

No, de verdad que es una movida, tanto que por fin le voy a dar uso a las matemáticas de 4º de ESO.

averahora

 

Voy a contar durante TODO EL AÑO los personajes que aparecen en mis libros, videojuegos, pelis, series y lo que surja. Absolutamente todos, sí. Y de ahí voy a filtrar a los personajes gordxs que aparezcan. Luego voy a tener en cuenta las siguientes cosas:

  • Edad aproximada: si son niños, adolescentes, jovenes, adultos o ancianos.
  • Blanquitud: si son blancos o no.
  • Género: Hombre o mujer. Contaré si hay personajes trans o NB también.
  • Orientación sexual: Gay, bi, lesbi o hetero.
  • Papel: ¿Protagonista, secundario, antagonista, villano?
  • Monstruosidad: si además de gordos, son monstruos/monstruosos, extraterrestres, etc….
  • Relación con la comida: si un pje gordo está fuertemente ligado a la comida.
  • Estereotipos varios: ¿El personaje es un vago? ¿Se ahoga tras dos pasos? ¿Es un incompetente? ¿Es tonto? ¿Es el alivio cómico? ¿Es un matón? ETC…
  • Gordofobia en la obra: si la narrativa es ofensiva para un personaje gordo o para las personas gordas en general, porque ni siquiera hace falta que haya personajes gordos para que esto ocurra.
  • FAT-CODED ENEMIES: Solo para videojuegos. Si hay enemigos gordos, como pueden ser los ogros del Dark Souls 2 o los zombies que explotan en The Last of Us.
  • FAT-CODED EXTRAS: Si en una obra utilizan figurantes gordos estereotipados y/o usados de forma nociva: matones o monstruos de fondo, como ocurre en Bright, por ejemplo. O las mujeres gordas que tratan como ganado en Mad Max. No tienen nombre ni peso activo en la trama, no llegan a ser personajes, pero existen para enseñarnos algo (“este barrio es chungo”, “esta raza de fantasía es mala”, “esta es la situación en el apocalipsis” o “así de mal va la policía en BatmanTown”), así que se merecen una mención de honor. De honor del malo, vaya.

Probablemente de aquí a final del año la lista de variables a observar aumente, pero estas son todas por ahora. Con toda la información que recopile haré porcentajes, medias y otras ecuaciones maravillosas que he bicheado de mi libro de mates.

Cosas importantes:

-En el caso de los libros, busco que se especifique dentro de la obra si los personajes son gordos; si me lo revela J. K. Rowling después, no cuenta. Lo mismo para el resto de categorías.

-Tengo prohibido leer, ver o jugar algo solo por los pjes gordos que contenga. La idea es disfrutar de las obras que habrían llegado a mí de manera normal durante este año, con la única novedad de que estaré tomando notas. Si quisiera engrosar el número de personajes gordos me vería Wall-e, aunque también engrosaría los estereotipos dañinos. Ups…

ohno
oh sí

-Que una obra marque o no determinadas casillas no indica nada sobre su calidad o lo bien construido que está determinado personaje. Lo unico que indicará, a ciencia cierta, es que la obra utiliza y alimenta ciertos sesgos sobre la gordura (ya sea aposta o sin querer). Hugo Reyes, de Lost, es uno de mis personajes preferidos aun cuando cae en varios tópicos, como el de la comida.

¿Y cómo dices que va?

Estupendamente, gracias por preguntar. Llevo dos meses y varios días con TODO recopilado en un borrador tan maravilloso como largo. Para que os hagáis una idea, llevo contados 54 gordxs de 895 personajes, un 6% del total. Estos personajes pertenecen a: 19 películas, 9 temporadas de serie, 7 videojuegos y 5 libros. De estos 54 gordxs, solo 4 son papeles protagonistas, tres de ellos de caracter cómico.

¿Que si cansa? Pues mucho, porque convierto parte de mi tiempo de ocio en tiempo de trabajo. Pero no tengo intención de parar de momento, lo llevo bien y tengo muchísimas ganas de lograr este proyecto.

Cuando acabe el año, osea, ya en 2019 si todo sale bien, sacaré una entrada bien currada con porcentajes y números, y explicaré por qué es tan importante mejorar la representación de la gente gorda en todos estos ámbitos. Porque os digo algo, solo con lo que llevo hasta ahora, os prometo que lo es. No estoy necesitando ver Wall-e.

ohno
¿Otra vez, Carlos? Ah, que es para decirle a la gente que pase a ver los cómics de @dorrismccomics. Está bien.

Si queréis saber sobre el avance del proyecto antes de que llegue la entrada del 2019, revisad el hastag: #ProyectoGordxs. Ahí es básicamente donde lloro y me quejo de las cosas más decepcionantes que me encuentro, pero también informo de cifras y cosicas.

Y ya estaría. ¡Hasta luego!

PD: Gracias a @Pipervalcall por ayudarme a precisar la categoría que debía usar para los personajes de color. Pasaos por su tuiter y leedle ❤

 

OrigiReto2018: A Rusia por error (Febrero II)

La cita iba bien, demasiado bien, pero ¿cómo iba a saber que la abuela había dejado todo manga por hombro? Cuando abrí la puerta de casa y vi las patas de pollo colgando de las puertas, me entraron los sudores más millenials que uno se pudiera imaginar. Porque soy descendiente de la Baba Yaga, pero nacer en el 92 no me lo quita ni su magia ni la mía. El glamour que mantenía para salir por Madrid se arruinó. Me puse tan nervioso que solo supe tartamudear el “Un segundo, qué me meo” más lastimero de la historia y corrí hacia el baño.

Respiré hondo, traté de calmarme y no pensar en lo ridículo que había sido, pero controlar los nervios siempre fue una de mis tareas pendientes. Me desmoroné e, ido el ánimo, mi nariz volvió a ser azul y mi barba, nubecillas blancas. Me miré al espejo con cara de pocos amigos y me dediqué mentalmente todos los insultos que conocía. Eso sí que era fácil y no la magia.

Mi plan había sido sencillo: encerrarme hasta recobrar el glamour, nada especialmente complejo. Sin embargo, un breve temblor hizo saltar mis alarmas. ¿Se ha despertado la casa? Gruñí, frustrado, inconsciente de que se me pudo oír fuera. Cogí aire, de nuevo, y esta vez no me insulté, me pedí arrojo. Abrí la puerta del baño y crucé el pasillo a zancadas.

Encontré a Julián en la cocina, escondido bajo la mesa, y se me encogió el estómago. Jamás me acostumbraría a generar tal pavor, pero en veinticinco años aprendí a disimular.

—Julián… —Modulé la voz para sonar lo más amable posible. Me agaché despacio para no asustarle—. Escúchame, siento todo esto.

Él retrocedió en cuanto mi barba nubosa y mi nariz azul aparecieron en su campo de visión. Suspiré. No teníamos tiempo para dedicarle a su miedo irracional.

—No voy a hacerte daño, jamás lo quise. Esto ha sido un error, me puse nervioso y la magia que escondía mi rostro se fue al carajo, como dices tú.

Me senté en el suelo, al otro lado de la mesa, y alcé las manos en señal de paz.

—Mira, para hacerlo lo más sencillo posible: soy nieto de la Baba Yaga, una bruja. Para que me entiendas, soy un poco como el Harry Potter ruso —sonreí porque sabía que, en otra situación, eso me habría hecho gracia—. Eso sí, sin cicatriz, ni amigos que impidan que la cague, como ahora.

Juraría que Julián hizo amago de reirse. Abrió los ojos de par en par y se inclinó para verme al otro lado de la mesa.

—¿Lo dices en serio?

Asentí.

—¿Pero de verdad?

—Que sí, pesado.

Solté una carcajada y las nubes se rizaron. Julián parecía perder el miedo y yo recuperaba la confianza.

—¿Y qué era esa pata de pollo que vi por la ventana?

—Cierto, eso. Son las patas de la casa. Mi abuela se olvidó de dormirla y creo que tú la has asustado. Así que ha entrado en alarma y está corriendo de vuelta a su hogar.

—¿Cómo?

Me miró con extrañeza y yo me encogí de hombros.

—Es que esta señora es un despiste, lo que viste en la cocina son sus ingredientes para las pociones. Estaría machacando algo en el almirez y…

—No, ¿cómo que volvemos su hogar?

—Ah, sí, a Shlisselburg. Perdona, que estoy un poco nervioso aún…

—¡¿A Rusia?! —él tampoco parecía muy calmado.

Asentí otra vez.

—Y siento tener que decírtelo, pero si quieres volver a Madrid, antes tendrás que convencer a esta casa-pollo de que no pretendes hacerle daño.

Sentí sus sudores como si fueran míos.

—¿Y cómo coño hago eso?

—Pues verás… Sacrificando un conejo y dándoselo de comer.

Julián se levantó y yo le imité, para no perderle de vista y comprender lo que sentía. La empatía era mi fuerte.

—No, no, no.

—Pues me temo que sí.

Cogió el móvil y golpeó la pantalla con nerviosismo.

—A estas alturas estamos fuera de España.

Y se vino abajo, como sabía que pasaría de un momento a otro. Le fallaron las piernas, pero no llegó a caer: en un susurro lo hice levitar el tiempo suficiente para acercarme a él. Pasé mi brazo bajo sus hombros y lo ayudé a llegar hasta un sofá. Le ofrecí una manta y volví a la cocina para prepararle una tila doble.

—¿Y por qué un conejo? —me preguntó cuando ya estuvo mejor.

—Porque es lo único que cría mi abuela en casa. Realmente podrían ser gallinas, perros, gatos, un loro… —vi en su expresión que aquello no ayudaba—. Pero claro, eso no sería ético.

Agaché la mirada, avergonzado de mi torpeza social.

—¿Y tu abuela? ¿Ella no puede venir y arreglarlo? O tú mismo… ¿no puedes matar tú al conejo, Ivan?

Sonreí al escuchar mi nombre.

—Mi abuela se ha quedado en Madrid, no está aquí. En cuanto a lo otro… A mí la casa ya me conoce, es a ti a quien ve como intruso. Lo siento mucho —me atusé las nubes de la barba—. De todas formas creo que te puedo ayudar.

La mesa de sacrificios era el corazón de la casa, el centro de un patio interno poblado de conejos de todas las especies. Cogí a uno, lo acaricié y lo subí al altar. El conejo se tumbó y no se movió un ápice, convencido por una chispa de magia. Busqué la mano de Julián y le transmití toda la calma que había logrado reunir desde que empezó el desastre.

—Cierra los ojos y aprieta fuerte el cuchillo, te prometo que no será nada.

Asintió y me obedeció. Respiré hondo por última vez aquella noche y, entre ambos, abrimos al conejo en canal; lo típico en una primera cita. La sangre regó la mesa y la casa no volvió a temblar. Un picor en mi barbilla me alertó de que el glamour había vuelto, la casa no era la única que se había tranquilizado.

—¿Y ahora qué? —me preguntó Julián sin soltar el cuchillo ni abrir los ojos.

—Siento si va todo muy rápido, pero para volver a Madrid tendrás que conocer a mis padres.

Ambos nos reímos, aunque a ninguno de los dos nos hizo gracia.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº4: Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino. Espero que cuente asesino de conejos 🙏

origireto-febrero

OrigiReto2018: Última hora (Febrero I)

Mie 23, 16:28, WhatsApp

Hey Andrés, estás?

Tengo una buena noticia.

Estoy, estoy

Qué noticia?

Pues que he ligado!

Agodancing.gif

Ala, en serio?

Qué ha sido, en Grindr?

Qué va! Me borré la cuenta

Que si no fat, que si no femme, allí no me querían

Me lo dejaron claro por activa y por pasiva

JAJAJAJAJAJJAJ

Tío! Que hablo en serio

Ellaaaa, versatil como nadie

Agowooo.gif

Jajaja cabrón

Menos OT, oye!

Ya te has cargao la magia

Alfredcrying.gif

 

 

 

 

 

Pero venga, va, dime cómo ha sido! Tinder, la app de osos? UN BAR?

Si has ido a la Marica Mala sin mí, te la pienso guardar

 

Y dale con la Marica Mala, que no! pero ya iremos

La App de osos la borré también, la invadieron Los Nutrios

Fue en TR

Y eso que coño es?

Otra aplicacion nueva?

Tío

Triángulo Rosa

La fundación a la que empecé a ir hace un mes

Ah joder

Vale, vale

Se llama Ivan, es un chico muy majo

Es un poco como yo

Una dramática?

Tío 😂

Es un chico gordito, ruso

Está de Erasmus, viene de…

Shsiselburg?

espera, que no sé escribirlo

Shliselburg

Shlisselburg*

Ahora sí, joder

patricio tongue twister.gif

Jajaja

Has ido a pillarte del del pueblo raro, macho

Con lo facil que habría sido un tio bueno de Moscú o algo 😂

Ya ves

Pues la cosa es que estuvimos hablando mucho allí

En la sede de la fundación

Luego salimos a tomarnos algo y fue muy guay

Muy guay? Ya está?

A ver, que sé por donde vas

No hicimos nada

Pero seguimos hablando allí de cómo nos había ido la vida

Yo le hablé de mis cosillas en casa

Y él me habló de su experiencia como chico bi en Rusia

Me sorprendió mucho, porque yo iba ya pensando en Chechenia

Pero nada que ver, gracias a dios

Y eso? le fue bien allí?

No, no, tampoco es que lo haya tenido fácil

Pero los casos como el suyo, los menos malos, no nos llegan a los periódicos

Él mismo reconoce que aquí se vive mejor

En realidad tenemos una suerte…

Thanks god.gif

Y bueno, claro, él tiene un acento que madre mía

Me tenía embobao, te lo juro jajaja

Crrrreo que me lo puedo imaginarrrrrr

Tio 😒

Va, va, perdón 🙏

En fin, pues que se nos hizo tarde

De que nos dimos cuenta era la una

Y claro, ya se habían ido nuestros compañeros jajaja

Fuimos para el metro y antes de despedirnos

ME

INVITÓ

A

SU

CASA

HOY

AAAAA.gif

Estoy living

OYOYOYOY 😏

Pues yo estoy muerting, qué fuerte me parece

Y qué guay

Solo guay?  jajajajaja

Que te gusta devolverlas, eh?

Oye, y cómo es? rubio, moreno, alto, bajo, con barba o sin barba?

Tienes alguna foto?

Qué va, es un poco paranoico con el tema

Le da miedo salir en fotos

Ya sabes, por si la foto llega mágicamente al internet ruso-hetero

La verdad es que lo puedo entender

Y yo, y yo, aunque mira que sería mala suerte

Ya…

Pero bueno, no pasa nada, ya me lo presentarás!

Si todo sale bien…

Psyduck.gif

Jjajajaajaja

Bueno, te dejo, que tengo que arreglarme

Okok

Ponte bien guapo!!

Y lleva condones, por si acaso

BYE.gif

 

Mie 23, 17:41, Twitter @JulianCFdez94

Oye, chicxs, necesito vuestra ayuda. He quedado esta tarde en casa de un ruso guapetón y necesito vuestra sabiduría estilística. ¿Debería llevar vaqueros y sudadera o jersey y pantalones de vestir? Que dios os lo pague con muchas fichas  😘💙

>Opción 1: Vaqueros y sudadera. (43%)

>Opción 2: Jersey y pantalón. (41%)

>Opción 3: No sé de moda, ver %. (16%)

@DontkillAndresPLS en respuesta a @JulianCFdez94: que te pongas guapo, cohone

@MarianaTF en respuesta a @JulianCFdez94: Vaqueros y sudadera all the way! Ve cómodo, Julián, y cuéntanos cómo te va :B

@YuriOnBabas en respuesta a @JulianCFdez94: ¿UN RUSO GUAPETÓN? TELL ME MORE, JULIÁN. PD: vaqueros y sudadera, que se quitan más fácil 🙄

ojostarsero.gif

 

Mie 23, 21:06, WhatsApp

Ver esta foto de Instagram de @JulianCFdez94
https://www.instagram.com/p/BBqOVbpCqy5/?r=wa1

PERO BUENO

Se ha animado a sacarse un selfie conmigo

jajaja

 Qué ojazos! Y ese tatuaje? Mare meva

A que sí? 😍

Me habló antes del tatu, es un zmaj o algo así

Un dragón eslavo, vaya

Pues mola un puñao

Y oye, Julián, dale tu sudadera!

Que lo tienes helao y así te lo ganas

Tio, que apenas hace fresco

Pero si tiene la nariz como un témpano

Que noooo

Además, las cosas no funcionan así

Pssst aburrío que eres jajaja

Vamos ya para su casa!

Okok

No te pases con la bebida y tener cuidao, vale?

Gracias! 👍👍👍

Mie 23, 21:19, Twitter @JulianCFdez94

Chicxs, está yendo genial ❤ Hemos estado tomándonos unas cañas por el centro y ahora vamos pa su casa. Send animos, que estoy más nervioso que C. Blanco antes del despegue ASDFLJD HAKD JFDSWOEF

Jue 24, 00:21, WhatsApp

Andres

Croe que algo no va irn

Bien

Su casa

Paredes una botica

Page e

Parece joder

Esta todo llen ode hierbas

Tiene tizas y un montón de cosas ratas en la encimer a

Raras

Hay patas de pollo colgnado de 7na de las puertas de la cocinea

Csoas de abuela

Y croe que me ha e hado algo en la beibda

Croe qeu veo cosas ratas

Raras jodre

JODER

Él está en el bñao

Esoty medio mareoa

y antes creo que vi moverse algo en su bsrba

como una himo

HUMO

Croe que estoy aulcinando dios mio

Joder, estas dormido?

Dime que no por diso

ANDRES

Andres or dios

Joder

joder joder

En la pata

la ventana

hay una pata

Gigante

Un pollo?????

Adnres por favor

 

Jue 24, 12:24, Facebook, Andrés Rodríguez Ortega

Mi amigo Julián Cruz Fernández desapareció ayer por la noche. La última vez que se le vió estaba por Sol. Vestía una sudadera blanca, vaqueros y deportivas negras con rayas blancas, tal y como se puede ver en la foto (izqda). Iba acompañado de un chico ruso llamado Ivan, en la foto (dcha). La policía no ha conseguido identificar a Ivan, lo han puesto en busca y captura. Por favor, si alguien lo conoce, o ha visto a Ivan o a Julián, que llame al teléfono de la imagen. ES MUY IMPORTANTE.

Compartidlo, por favor, que le llegue a todo el mundo.

[Ver foto]

Vie 25, 01:24, Twitter @ElPeriódicoPascual

ÚLTIMA HORA: La policía rusa ha encontrado con vida a Julián Cruz a las afueras de Shlisselburg, Rusia https://t.co/T3EnxKhYk8pg2

 


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº3: Escribe un relato que suceda solo en las redes sociales.

Pondré la pegatina con el próximo relato.

 

 

 

 

 

 

 

 

OrigiReto2018: Bienvenido a Flor del sur (Enero II)

1

Jaro no podía dormir y se había hecho un ovillo en un rincón de su habitación para leer. La cama era tan blanda que le ponía de los nervios y prefería sentir el suelo frío y duro en su trasero. Le resultaba más cómodo, con toda la ironía que cabía dentro de aquella afirmación. El muchacho, un hombre que ya no volvería a cumplir los treinta, pasaba las hojas de la cuarta entrega de Presentes Distópicos mientras el resto de los internos dormía.

Gracias a la medicina, la ansiedad del síndrome de abstinencia había disminuido, pero su propia hipocondría le impedía conciliar el sueño.  En la clínica Flor del sur no eran muy estrictos y le permitían dejar la luz encendida. Así, un tubo fluorescente bañaba de blanco una habitación de paredes verdes. Jaro había estudiado la semiótica de los colores durante sus años de carrera y ahora sentía que la pulcritud que respiraba no era más que un engaño.

—Te ponen un poco de verde frío, azules claros, otro tanto de blanco y ea, aséptico todo —solía quejarse cuando le preguntaban.

Apenas llevaba una semana en Flor del sur y cada día era peor, comenzaba a entender lo que sentía su poto cuando se olvidaba de regarlo. El hastío le estaba creando arrugas nuevas, pero no cesaba de repetirse que estaba ahí por su bien. Pedir la internación había sido una decisión muy dura, pero Jaro sabía que había tocado fondo. Era un ludópata y necesitaba ayuda.

Página tras página, gracias al estilo alegre y distendido de Cecilia, la calma arropó sus nervios y llegó el primer bostezo. Jaro se tapó la boca con la mano y se esforzó por mantener los ojos abiertos, pero llegó un punto en el que el sueño le pudo.

—Despierta, Jaro —le habló una voz, creyó él, en sueños—. Jaro, por favor, despierta.

Jaro abrió los ojos con pesadez y miró a su alrededor. Seguía en su habitación de loco, en mitad de una noche aburrida con el libro en la mano. La hoja que estaba leyendo se había arrugado, probablemente porque se había dormido con ella entre los dedos. Tras volver a mirar a su alrededor, se levantó y se metió en la cama. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al tocar las sábanas, pero él se repitió que no había sido nada.

Sin embargo, en cuanto volvió a cerrar los ojos. La misma voz volvió a llamarlo.

—Jaro, despierta —le dijo en un susurro—. Por favor, ayúdame a salir de aquí.

Sin embargo, esta vez el sueño arraigó con más fuerza en el ludópata. Dentro de su subconsciente, se creó una réplica de su habitación y Jaro se encontró de nuevo sentado en el suelo frío y duro, con el libro entre las manos y la hoja arrugada. Todo soñado, él lo sabía.

—Jaro —la voz sonaba más clara, como si estuviera tan solo detrás de la puerta—. Jaro, ¿puedo pasar?

Miró a través del cristal, pero no vio a nadie.

—No puedes —le dijo con la voz temblorosa, pero con la autoridad que solo se tiene dentro de la lucidez onírica—. Este sueño es mío.

Hubo un breve silencio. El frio se adueñó de la habitación y, con él, Jaro sintió llegar los nervios que precedían a un ataque de ansiedad.

—Lo sé, perdona esta intromisión, pero necesito ayuda.

—¿Ayuda para qué? ¿Quién coño eres y cómo te has metido en mi cabeza?

—Me llamo Quirico. Me tienen encerrado cuatro pisos por debajo de la planta baja. Soy… Soy telépata.

Jaro se echó a reír.

—Qué típico.

Al otro lado de la puerta se oyó un resoplido.

—Mira… A estas horas, la medicina deja de hacerme efecto. Tengo poco tiempo antes de que me la vuelvan a suministrar, por favor, escúchame atentamente.

—Solo si me convences de que eres real.

—Jaro…

—¿Qué? No puedes, ¿no?

—Mira, tienes treinta y dos años, de pequeño jugabas con las muñecas que tu hermana descabezaba y emparejabas entre ellos a tus actionmen, a veces bailas las canciones de High School Musical mientras limpias y te apuesto lo que quieras a que tu noviete nuevo cree que has ido a pasar una temporada con la familia. ¿Me crees ahora?

 

2

 

Jaro no se lo podía creer. Una voz en su cabeza llamada Quirico le había convencido de que había gente encerrada bajo aquel edificio pulcro. ¿Seguro que solo tenía un problema con las tragaperras? No sabría decirlo y, ciertamente, estar loco no le preocupaba en aquel momento.

Cuando despertó, todavía recordaba su voz —ronca, pero agradable, el tipo de voz que le haría reproducir un audio de WhatsApp más de una vez—, igual que recordaba sus instrucciones. Jaro las siguió al dedillo; salió de la habitación sin que nadie le viera, cruzó los pasillos en el orden correcto y llegó al ascensor.

Acto seguido, pulsó los botones en orden: 1-1-4-1-4-5-Alarma. El ascensor se puso en marcha y las luces parpadearon. Jaro dejó escapar un grito por el susto repentino. Le costaba discernir si subía o bajaba y el mismo frío que habitó su sueño se extendía por el cubículo. Jaro sintió el miedo retorciéndole el estómago. La luz cambió del blanco al amarillo, manchando las paredes de un color enfermizo.

—¿Quirico, eres tú?, ¿Quirico?

El ascensor tembló levemente. Jaro se agarró con fuerza al sujeta-manos y se miró al espejo en un impulso decadente por saber cuál sería su cara antes de morir.

—¿Quirico? —volvió a llamarlo. Y esta vez su voz sonó ronca, desagradable.

Jaro se buscó las manos pero no le obedecían.  Su cuerpo se convulsionó, perdió el equilibrio y cayó a pulso mientras el ascensor temblaba. El espejo estalló y, en ese mismo instante, Jaro dejó de ser.

 

3

La puerta del ascensor se abrió frente a un túnel subterráneo que poco se parecía a Flor del sur. Quirico se estiró, acostumbrándose a su nuevo ser.

—¿De verdad has caído con lo del telépata? —rio. Hablaba a Jaro, que había quedado relegado a un segundo plano de existencia, una nada sucia—. No puedes ser más tonto, niño mono, los manicomios son cosa de demonios y fantasmas.

Quirico hizo sonar sus nudillos y echó a andar.

—Como sea, gracias por tu cuerpo.


Este relato forma parte del reto creado por @Stiby2 y @MUSAJUE, podéis informaros del reto AQUÍ. Se trata del ejercicio nº2: Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio.

El terror no es lo mío y las prisas no han ayudado, así que mil perdones por la calidad cuestionable de estas más de mil palabras.

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